La idea de hoy te describe con exactitud tal como Dios te creó. Eres uno dentro de ti mismo, y Uno con Él. Tuya es la unidad de toda la creación.
Tu unidad perfecta hace imposible el cambio en ti. No aceptas esto, y no te das cuenta de que debe ser así, únicamente porque crees que ya te has cambiado a ti mismo. Te ves como una parodia ridícula de la creación de Dios, débil, perverso, feo y pecador, desdichado y acosado por el dolor.
Tal es tu versión de ti mismo; un yo dividido en muchas partes en guerra, separado de Dios, y mantenido débilmente unido por su hacedor errático y caprichoso, al cual rezas. No oye tus oraciones, pues es sordo. No ve la Unidad en ti, pues es ciego. No comprende que eres el Hijo de Dios, pues carece de sentido y no entiende nada.
Intentaremos hoy ser conscientes sólo de lo que puede oír y ver, y de lo que tiene perfecto sentido. Dirigiremos de nuevo nuestros ejercicios hacia el alcance de tu Ser Uno, Que está unido con Su Creador. Con paciencia y esperanza lo intentamos de nuevo hoy.
El uso de los primeros cinco minutos de cada hora de vigilia para practicar la idea del día tiene ventajas especiales en la etapa de aprendizaje en que te encuentras actualmente. Es difícil en este punto no permitir que la mente divague si emprende intentos prolongados. Sin duda te has dado cuenta de esto ya. Has visto el alcance de tu falta de disciplina mental, y de tu necesidad de entrenamiento de la mente. Es necesario que seas consciente de ello, pues es ciertamente un obstáculo para tu avance.
Los períodos de práctica frecuentes pero más breves tienen otras ventajas para ti en este momento. Además de reconocer tus dificultades con la atención sostenida, debes haber notado también que, a menos que se te recuerde con frecuencia tu propósito, tiendes a olvidarlo durante largos períodos de tiempo. A menudo no recuerdas las aplicaciones breves de la idea del día, y todavía no has formado el hábito de usarla como respuesta automática a la tentación.
Una estructura, pues, es necesaria para ti en este momento, planeada para incluir recordatorios frecuentes de tu meta, e intentos regulares de alcanzarla. La regularidad en términos de tiempo no es el requisito ideal para la forma de práctica más beneficiosa en la salvación. Es ventajosa, sin embargo, para aquellos cuya motivación es inconsistente, y que permanecen fuertemente defendidos contra el aprendizaje.
Nos atendremos, pues, durante un tiempo a los períodos de práctica de cinco minutos por hora, y te instamos a omitir el menor número posible. Usar los primeros cinco minutos de la hora será particularmente útil, ya que impone una estructura más firme. No uses, sin embargo, tus lapsos de este horario como excusa para no volver a él tan pronto como puedas.
Bien puede haber una tentación de considerar el día perdido porque ya has fallado en hacer lo que se requiere. Esto debe reconocerse, no obstante, simplemente por lo que es: una negativa a dejar que tus errores sean corregidos, y una falta de voluntad para intentarlo de nuevo.
El Espíritu Santo no se retrasa en Su enseñanza por tus errores. Sólo puede ser detenido por tu falta de disposición a soltarlos. Estemos, pues, decididos, particularmente durante la próxima semana más o menos, a estar dispuestos a perdonarnos nuestros lapsos de diligencia, y nuestros fallos en seguir las instrucciones para practicar la idea del día.
Esta tolerancia hacia la debilidad nos permitirá pasarla por alto, en lugar de darle poder para retrasar nuestro aprendizaje. Si le damos poder para hacerlo, la estamos considerando fortaleza, y estamos confundiendo la fortaleza con la debilidad. Cuando no cumples con los requisitos de este curso, simplemente has cometido un error. Esto reclama corrección, y nada más.
Permitir que un error continúe es cometer errores adicionales basados en el primero, y que lo refuerzan. Es este proceso el que debe dejarse a un lado, pues no es sino otra manera en que querrías defender las ilusiones contra la verdad. Deja ir todos estos errores reconociéndolos por lo que son. Son intentos de mantenerte inconsciente de que eres un Ser
Uno, unido con tu Creador, uno con cada aspecto de la creación, e ilimitado en poder y en paz. Ésta es la verdad, y nada más es verdad. Hoy reafirmaremos de nuevo esta verdad, y procuraremos alcanzar el lugar en ti en el cual no hay duda de que sólo esto es verdadero. Comienza los períodos de práctica de hoy con esta seguridad, dada a tu mente con toda la certeza que puedas dar:
Soy un Ser Uno, unido con mi Creador, uno con cada aspecto de la creación, e ilimitado en poder y en paz.
Luego cierra los ojos y dite de nuevo, lenta y reflexivamente, procurando permitir que el significado de las palabras se hunda en tu mente, reemplazando las ideas falsas:
Soy un Ser Uno.
Repite esto varias veces, y luego procura sentir el significado que transmiten las palabras. Eres un Ser Uno, unido y seguro en la luz, la alegría y la paz. Eres el Hijo de Dios, un Ser Uno con un Creador Uno y una sola meta: traer a todas las mentes la conciencia de esta Unidad, para que la verdadera creación pueda extender la Totalidad y la Unidad de Dios.
Eres un Ser Uno, completo y sanado e íntegro, con poder para levantar el velo de oscuridad del mundo, y dejar que la luz en ti pase para enseñar al mundo la verdad acerca de sí mismo. Eres un Ser Uno, en perfecta armonía con todo lo que hay y todo lo que habrá. Eres un Ser Uno, el santo Hijo de Dios, unido con tus hermanos en este Ser; unido con tu Padre en Su Voluntad.
Siente este Ser Uno en ti, y deja que Él disipe con Su resplandor todas tus ilusiones y tus dudas. Éste es tu Ser, el Hijo de Dios Mismo, impecable como Su Creador, con Su fortaleza dentro de ti y Su Amor por siempre tuyo. Eres un Ser Uno, y se te concede sentir este Ser dentro de ti, y expulsar todas tus ilusiones de la Mente Una Que es este Ser, la santa verdad en ti.
No olvides hoy. Necesitamos tu ayuda, tu pequeña parte en traer felicidad a todo el mundo. Y el Cielo te mira con confianza de que lo intentarás hoy. Comparte, pues, su seguridad, porque es tuya. Sé vigilante. No olvides hoy.
A lo largo del día no olvides tu meta. Repite la idea de hoy con la mayor frecuencia posible, y comprende cada vez que lo hagas que alguien oye la voz de la esperanza, el despertar de la verdad en su mente, el suave susurro de los vientos de la paz. Tu propio reconocimiento de que eres un Ser Uno, unido con tu Padre, es una llamada a todo el mundo, para que sea uno contigo. A todos los que encuentres hoy asegúrate de darles la promesa de la idea de hoy y diles esto:
Eres un Ser Uno conmigo, unido con nuestro Creador en este Ser.
Te honro por lo que soy,
y por lo que Él es,
Que nos ama a ambos como uno.
✨ Resumen y puesta en práctica
« Soy un solo Ser, unido a mi Creador. » Esta idea te describe exactamente tal como Dios te creó. Eres uno en ti mismo y uno con Él. Tu unidad hace imposible el cambio. Sin embargo, te ves como una parodia ridícula de la creación: débil, malo, feo, pecador, miserable, agobiado de dolor, dividido en numerosas partes que se hacen la guerra. Es el yo dividido que has fabricado. Pero no eres tú.
El yo que has fabricado no oye tus oraciones: es sordo. No ve la unidad en ti: es ciego. No comprende que eres el Hijo de Dios: es insensato. Hoy intentarás ser consciente solo de lo que puede oír y ver, y que está lleno de sentido. Con paciencia y esperanza, intentas de nuevo alcanzar tu único Ser, el que está unido a Su Creador. Aunque sea difícil, tu perseverancia es preciosa.
Las lecciones 93-94 afirmaron la luz y la identidad en ti. La lección 95 te pide que reconozcas que esa identidad es UNA, no dividida. Las lecciones 96-98 profundizarán esta unidad: la salvación viene de ese único Ser (96), eres espíritu puro (97), y aceptas tu papel (98). Cada lección te acerca a la experiencia directa de tu unidad con Dios, más allá de la constante cháchara del yo dividido.
El curso reconoce que te cuesta sostener la atención. Por eso te propone períodos cortos pero frecuentes: cinco minutos cada hora. A cada hora, di: « Soy un solo Ser, unido a mi Creador. » Luego permanece en silencio, aunque sea unos segundos, intentando sentir la unidad más allá de los pensamientos divididos. Si tu mente se extravía, tráela de vuelta con suavidad. Cada regreso es un progreso.
No eres varias personas en conflicto. Eres un solo Ser, y ese Ser es uno con Dios.
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