Quisiera ofrecerTe este instante santo. Que seas Tú quien dirija. Pues quisiera seguirTe, cierto de que Tu dirección me da paz.
Si necesito un pensamiento, eso también lo dará Él. Y si solo necesito quietud y una mente tranquila y abierta, estos son los dones que recibiré de Él. Él está al mando por mi petición. Y me oirá y me responderá, porque habla por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.
✨ Resumen y puesta en práctica
Este instante santo, dáselo a Dios: deja que Él guíe.
Este instante santo, dáselo a Dios. Deja que Él tome las riendas. Pues es siguiéndoLo como encontrarás la paz que buscas. Si necesitas una palabra, Él te la dará. Si necesitas un pensamiento, Él también te lo dará. Y si solo necesitas calma y una mente tranquila, esos son los dones que recibirás de Él. Está a cargo a petición tuya. Te oirá y te responderá, pues habla por Dios y por ti.
La idea profunda de esta lección es que no tienes que hacerlo todo por ti mismo. No tienes que encontrar las palabras justas, tener los pensamientos adecuados, mantener el estado de ánimo correcto. Puedes entregarlo todo a Dios. Cada instante puede ser un instante santo si eliges dárselo a Él. En este abandono, recibes todo lo que necesitas: la palabra para curar, el pensamiento para iluminar, el silencio para descansar. Dios está al mando cuando lo invitas a estarlo.
Esta lección es uno de los mantras del final del recorrido. Las lecciones 361 a 365 llevan todas el mismo título, como una letanía que sella el aprendizaje. Después de haber atravesado todas las lecciones anteriores, llegas a la práctica más simple: ofrece cada instante a Dios. Las lecciones anteriores te prepararon para este soltar total. Ahora puedes vivir en la confianza de que Dios te dará exactamente lo que necesitas en cada momento.
Para vivir esta lección, toma conciencia hoy de que cada instante es una ocasión de entregarlo todo a Dios. Antes de hablar, de pensar o de actuar, haz una pausa y di: "Este instante, Te lo doy. Está a cargo." Luego déjate guiar. Verás que las palabras vienen, los pensamientos surgen, la calma se instala. Ya no eres el único en cargar el peso del mundo. Dios está contigo, en ti, actuando a través de ti. Y en esta presencia, la paz es infalible.
Cada instante puede ser santo si se lo das a Dios. Deja que Él guíe, y encontrarás la paz cierta.
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