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Lección 360

Paz a mí, el santo Hijo de Dios. Paz a mi hermano, que es uno conmigo. Que todo el mundo sea bendecido con paz por medio de nosotros.

Paz a mí, el santo Hijo de Dios. Paz a mi hermano, que es uno conmigo. Que el mundo entero se llene de paz por medio de nosotros.

Padre, es Tu paz la que quiero dar, recibiéndola de Ti. Soy Tu Hijo, por siempre exactamente como Tú me creaste, pues los Grandes Rayos permanecen por siempre calmos e imperturbados dentro de mí. Quiero alcanzarlos en silencio y con certeza, pues la certeza no puede hallarse en ningún otro lugar. Paz a mí y paz al mundo entero. En santidad fuimos creados, y en santidad permanecemos. Tu Hijo es como Tú en perfecta impecabilidad. Y con este pensamiento decimos con alegría: Amén.

✨ Resumen y puesta en práctica

Paz a ti, santo Hijo de Dios; paz a tu hermano, que es uno contigo.

Paz a ti, santo Hijo de Dios. Paz a tu hermano, que es uno contigo. Que el mundo entero sea colmado de paz por ustedes. Es la paz de Dios la que quieres dar, recibiéndola de Él. Eres Su Hijo, para siempre exactamente tal como Él te creó. Los Grandes Rayos permanecen para siempre calmos e imperturbados dentro de ti. Quieres alcanzarlos en silencio y en certeza, pues la certeza no se encuentra en ninguna otra parte.

La enseñanza central de esta lección es una celebración de tu identidad verdadera. Eres el santo Hijo de Dios, y esa santidad no es una adquisición sino tu naturaleza. Paz a ti, no como un deseo sino como una declaración de verdad. Y paz a tu hermano, que es uno contigo. La paz no es solo para ti; es para todos, pues son uno. Al darte la paz, la das al mundo entero. Tu santidad es la santidad de todos.

Esta lección marca un punto culminante en el viaje. Las lecciones anteriores te condujeron a través del perdón, el juicio, la percepción, la identidad. Ahora llegas a un lugar de paz y de certeza. Los Grandes Rayos, el Amor, la Paz, la Alegría de Dios, permanecen en ti, calmos e imperturbados, pase lo que pase en el mundo. Nada puede perturbarlos. No tienes que alcanzarlos; están ahí. Solo tienes que reconocerlos.

Para vivir esta lección, comienza el día diciéndote: "Paz a mí, santo Hijo de Dios. Paz a mi hermano. Paz al mundo entero." Luego, a lo largo del día, vuelve a esta declaración. Cuando suba el estrés, recuerda los Grandes Rayos calmos que hay en ti. Eres santo, estás en paz, eres uno con todos. Deja que esta certeza guíe cada uno de tus pasos. El mundo entero será colmado de paz por ti.

Paz a ti. Eres el santo Hijo de Dios, uno con tu hermano, uno con el mundo. Y en esta unidad, la paz de Dios reina eternamente.

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