Ninguna llamada a Dios puede quedar sin ser oída ni sin respuesta. Y de esto puedo estar seguro: Su respuesta es la que verdaderamente quiero.
Tú, Que recuerdas lo que realmente soy, eres el único Que recuerda lo que verdaderamente quiero. Hablas por Dios, por lo tanto hablas por mí. Y lo que me das viene del mismo Dios. Así Tu Voz, Padre mío, es la mía propia, y todo lo que quiero es lo que me ofreces, exactamente en la forma que has escogido para mí. Déjame recordar todo lo que no sé, y que mi voz se aquiete, recordando. Pero no me dejes olvidar Tu Amor y Tu cuidado, manteniendo siempre en mi consciencia Tu promesa a Tu Hijo. No me dejes olvidar que mi yo no es nada, pero mi Ser lo es todo.
✨ Resumen y puesta en práctica
Ninguna llamada a Dios queda sin respuesta: Su respuesta es lo que realmente quieres.
Ninguna llamada a Dios puede quedar sin ser oída ni sin respuesta. Y de eso puedes estar seguro: Su respuesta es la que realmente quieres. Aquel que recuerda lo que realmente eres recuerda también lo que verdaderamente quieres. Habla por Dios, por tanto por ti. Lo que Él te da viene de Dios mismo. Su Voz es también la tuya, y todo lo que quieres es exactamente lo que Dios te ofrece, bajo la forma que Él ha elegido para ti.
La enseñanza esencial es que puedes tener una confianza absoluta en la respuesta de Dios. No es arbitraria ni condicional. Es exactamente lo que necesitas, exactamente cuando lo necesitas. Y sobre todo, es lo que realmente quieres: no lo que tu ego cree querer, sino lo que tu corazón profundo desea. A veces, la respuesta de Dios parece un "no" porque tu "sí" era un error. Pero siempre es por tu bien.
Esta lección es una declaración de confianza inquebrantable. Las lecciones anteriores te mostraron que Dios responde, que te ama, que nunca te abandona. Aquí vas más lejos: no solo responde, sino que Su respuesta es exactamente lo que realmente quieres. No tienes que dudar, comprobar, preocuparte. Confía. Dios sabe mejor que tú lo que es bueno para ti. Suelta la necesidad de controlar la respuesta y confíaLe.
Para vivir esta lección, cada vez que hagas una llamada a Dios, añade: "Y confío en Tu respuesta, sabiendo que es la que realmente quiero." Luego suelta. No esperes una forma particular. Estate abierto a recibir la respuesta bajo la forma que llegue. Puede ser una coincidencia, una palabra de un amigo, un pensamiento repentino, un sentimiento de paz. No importa la forma; confía en que es exactamente lo que necesitas. Y agradece.
Dios te oye siempre y Su respuesta es perfecta para ti. ConfíaLe, pues Él sabe lo que realmente quieres.
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