El perdón, reflejo de la verdad, me dice cómo ofrecer milagros y escapar así de la casa-prisión en la que creo vivir. Tu santo Hijo me es señalado, primero en mi hermano; luego en mí. Tu Voz me instruye pacientemente a oír Tu Palabra y dar como recibo. Y al mirar hoy a Tu Hijo, oigo Tu Voz instruyéndome a hallar el camino hacia Ti tal como Tú dispusiste que sea el camino: 'Contempla su impecabilidad y sé sanado. Mira al Cristo en él, y él es sanado'.
✨ Resumen y puesta en práctica
La verdad responde a cada llamada que haces a Dios, primero con milagros.
La verdad responde a cada llamada que haces a Dios, respondiendo primero con milagros, y luego volviendo a ti para ser ella misma. El perdón, reflejo de la verdad, te enseña a ofrecer milagros para escapar de la prisión del miedo. El santo Hijo de Dios te es mostrado, primero en tu hermano, luego en ti. La Voz de Dios te instruye con paciencia para que oigas Su Palabra y des como recibes. Al mirar a tu hermano, oyes esta instrucción: "Contempla su impecabilidad y sé curado."
La idea central es que la respuesta de Dios es progresiva pero cierta. Primero llega en forma de milagros, pequeños cambios de percepción que te muestran que otra cosa es posible. Luego, cuando estás listo, la verdad misma se revela. El milagro no es el fin; es el medio. El fin es el conocimiento directo de Dios. Pero los milagros son los pasos que te conducen a él. Cada pequeño perdón, cada acto de amor, es un milagro que te acerca a la verdad.
Esta lección da una perspectiva sobre todo el proceso espiritual. Las lecciones anteriores fueron milagros, cambios de percepción que te liberaron progresivamente. Ahora comprendes que cada milagro era una respuesta de la verdad a tu llamada. La verdad no ha permanecido en silencio; ha respondido con dones que podías recibir. Ahora está lista para darse a sí misma. Los milagros te han preparado para encontrarla cara a cara.
Para poner en práctica esta lección, hoy, sé agradecido por todos los milagros que ya has recibido. Cada cambio en tu percepción, cada momento de paz inesperada, cada apertura del corazón, era la verdad que te respondía. Agradece estos dones. Y luego ábrete a recibir más: la verdad misma. Di: "Padre, he recibido Tus milagros. Ahora estoy listo para conocerTe." La respuesta llegará, como siempre ha llegado.
La verdad siempre responde a tu llamada. Primero con milagros, luego con Su presencia. Ábrete a recibirla.
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