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Lección 304

Que mi mundo no oscurezca la vista de Cristo.

Puedo oscurecer mi santa vista si introduzco mi mundo en ella. Ni puedo contemplar las santas visiones que Cristo mira a menos que sea Su visión la que use. La percepción es un espejo, no un hecho. Y lo que miro es mi estado mental reflejado hacia fuera. Quiero bendecir el mundo mirándolo a través de los ojos de Cristo. Y miraré las señales ciertas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

Tú me conduces de la oscuridad a la luz; del pecado a la santidad. Déjame perdonar y recibir así la salvación para el mundo. Es Tu regalo, Padre mío, que me fue dado para ofrecerlo a Tu santo Hijo, para que halle de nuevo el recuerdo de Ti y de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.

✨ Resumen y puesta en práctica

No dejes que tu mundo oscurezca la vista de Cristo en ti.

Puedes oscurecer tu santa vista si impones tu mundo a la visión de Cristo. Es una elección que haces a cada instante. La percepción es un espejo, no un hecho: lo que miras no es más que tu propio estado mental reflejado hacia afuera. Si tu mente está llena de juicios y de miedos, es un mundo de juicios y de miedos lo que verás. Pero si eliges mirar con los ojos de Cristo, verás un mundo bendecido, lleno de las señales ciertas del perdón.

La idea fundamental es que nunca ves el mundo tal como es, sino tal como eres. El mundo es una pantalla sobre la cual tu mente proyecta su contenido. Si quieres ver un mundo de paz, está en paz por dentro. La visión de Cristo no es una facultad que debas adquirir; ya está en ti, pero puede ser oscurecida por las nubes de tus juicios. Hoy estás invitado a disipar esas nubes eligiendo conscientemente ver con los ojos del perdón.

Esta lección se apoya en toda la sabiduría de las lecciones anteriores sobre la percepción y el juicio. Has aprendido que el juicio es un arma contra la verdad; aquí descubres que también oscurece tu visión. El mundo que ves está directamente ligado a lo que crees ser. Si te crees culpable, verás un mundo culpable. Si te sabes inocente, verás un mundo inocente. El perdón es el medio de pasar de la culpa a la inocencia, y por tanto de la ceguera a la visión.

En la práctica, hoy, presta atención a lo que miras. Cuando veas algo que te desagrade en alguien, pregúntate: "¿Quiero ver esto con los ojos de Cristo o con los de mi ego?" Luego elige la visión de Cristo. Bendice al mundo mirándolo con amor. Verás entonces las señales ciertas de que todos tus pecados te han sido perdonados. Es el don que el Padre te hace: te conduce de la oscuridad a la luz, del pecado a la santidad. Acepta este don hoy.

No lo olvides: el mundo es un espejo. Si quieres ver la luz, sé luz por dentro.

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