Quien usa solo la visión de Cristo halla una paz tan profunda y tranquila, tan imperturbable y totalmente inmutable, que el mundo no contiene nada comparable. Las comparaciones quedan aún ante esta paz. Y todo el mundo parte en silencio, mientras esta paz lo envuelve y lo lleva suavemente a la verdad, para no ser ya más el hogar del miedo. Pues el Amor ha venido y ha sanado al mundo dándole la paz de Cristo.
Padre, la paz de Cristo nos es dada, porque es Tu Voluntad que seamos salvados. Ayúdanos hoy solo a aceptar Tu regalo y a no juzgarlo. Pues ha venido a nosotros para salvarnos de nuestro juicio sobre nosotros mismos.
✨ Resumen y puesta en práctica
Hay una paz que Cristo te concede: sumérgete en ella.
Existe una paz tan profunda, tan tranquila, tan imperturbable y enteramente inalterable que nada en este mundo puede igualarla. Esta paz es el don de Cristo. Ante ella, todas las comparaciones callan. El mundo entero se va en silencio mientras esta paz lo envuelve y lo lleva suavemente hacia la verdad. Después de haber tocado esta paz, el mundo ya nunca es del todo el mismo; deja de ser la morada del miedo.
Lo esencial que hay que comprender es que esta paz ya te ha sido dada. No es una recompensa por buen comportamiento ni el resultado de un esfuerzo espiritual. Es un don, puro y simple, que viene del Amor de Dios. No tienes que hacer nada para merecerla; solo tienes que aceptarla sin juzgarla. Pues es tu juicio sobre ti mismo lo que te priva de esta paz. Al dejar de juzgarte, dejas de condenarte a vivir sin ella. La paz de Cristo es tu naturaleza verdadera.
Esta lección está profundamente ligada a toda la enseñanza sobre el juicio y el perdón. El juicio crea un tumulto interior, un conflicto permanente entre lo que eres y lo que crees que debes ser. El perdón disuelve ese conflicto y da lugar a la paz. Las lecciones anteriores te mostraron el camino; esta te muestra la meta. La paz de Cristo no es la ausencia de conflicto exterior, sino la presencia de una armonía interior que nada puede perturbar. Es el fin de toda búsqueda, la respuesta a toda pregunta.
Para experimentar esta paz hoy, toma varios momentos de silencio. Cierra los ojos y respira profundamente. En cada espiración, dite: "La paz de Cristo me es dada." No busques crearla; deja simplemente que suba desde el fondo de tu ser. Está ahí, bajo la agitación de la superficie. Cuando sientas que la paz sube, no la retengas con el pensamiento. Deja que te envuelva como una suave manta. A lo largo del día, vuelve a la sensación de esta paz, incluso en medio de la actividad.
Para ti, la paz de Cristo te espera. Acepta este don hoy, y deja que transforme todo lo que toques.
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