Ángeles, que velen conmigo hoy. Que todos los santos Pensamientos de Dios me rodeen y estén quietos conmigo mientras nace el Hijo del Cielo. Que los sonidos terrenales callen y las visiones a las que estoy acostumbrado desaparezcan. Que Cristo sea acogido donde está en casa, que oiga los sonidos que comprende y vea solo visiones que muestren el Amor de Su Padre. Que ya no sea un extraño aquí, pues nace de nuevo en mí hoy.
Tu Hijo es bienvenido, Padre. Ha venido a salvarme del yo malvado que hice. Él es el Ser que Tú me has dado. Él no es sino lo que realmente soy en verdad. Él es el Hijo a Quien amas por encima de todas las cosas. Él es mi Ser tal como Tú me creaste. No es Cristo quien puede ser crucificado. A salvo en Tus brazos, déjame recibir a Tu Hijo.
✨ Resumen y puesta en práctica
El santo Cristo nace en ti hoy: acógelo.
Hoy es un día sagrado. Los ángeles velan contigo, y todos los santos Pensamientos de Dios te rodean y guardan silencio contigo mientras nace el Hijo del Cielo. Te invito a dejar que los sonidos terrenales se callen y que las vistas a las que estás acostumbrado desaparezcan. Haz silencio, profundamente, porque Cristo ha nacido en ti hoy. Viene allí donde está en Su hogar, ya no como un extraño en este mundo, sino como Aquel que está para siempre en Su hogar en tu corazón.
El corazón de esta lección es una magnífica revelación: Cristo es el Ser verdadero que Dios te ha dado. Viene a salvarte del falso yo que fabricaste. Quizá te creíste imperfecto, culpable, indigno, pero Cristo es exactamente lo que eres realmente en verdad. Es el Hijo a quien Dios ama por encima de todas las cosas. No puede ser crucificado, pues está a salvo en los Brazos del Padre. Hoy estás invitado a recibir a Tu Hijo, a acogerlo como tu Identidad verdadera.
Esta lección es el punto culminante de todo tu camino sobre la identidad. Las lecciones anteriores te enseñaron a soltar el falso yo, el yo del ego. Aquí no te contentas con soltar; acoges. Haces sitio a Aquel que siempre ha estado ahí pero que habías olvidado. El nacimiento de Cristo en ti no es un acontecimiento lejano o futuro; es una realidad presente que eliges reconocer. Cada instante es una ocasión de dejar nacer a Cristo, de dejarlo ser tu realidad.
Para vivir esta lección hoy, encuentra un momento de silencio. Cierra los ojos y repite suavemente: "El santo Cristo ha nacido en mí hoy." Siente la presencia apacible que crece en ti. Deja que las preocupaciones del mundo se alejen. Imagina que sostienes en tus brazos a un niño sagrado: ese niño es Cristo, es tu verdadero Ser. Acógelo con todo tu amor. A lo largo del día, vuelve a este pensamiento cada vez que el estrés o el miedo te visiten. Cristo ha nacido, y nada puede desalojarlo.
Alégrate: Cristo ha nacido en ti, y está en Su hogar para siempre.
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