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Lección 280

¿Qué límites puedo imponer al Hijo de Dios?

Aquel a quien Dios creó sin límites es libre. Puedo inventar encarcelamiento para él, pero solo en ilusiones, no en la verdad. Ningún Pensamiento de Dios ha dejado la Mente de Su Padre. Ningún Pensamiento de Dios está limitado en absoluto. Ningún Pensamiento de Dios deja de ser puro para siempre. ¿Puedo imponer límites al Hijo de Dios, cuyo Padre quiso que fuera ilimitado y semejante a Él en libertad y en amor?

Hoy déjame dar honor a Tu Hijo, pues solo así hallo el camino hacia Ti. Padre, no pongo límites al Hijo a Quien amas y a Quien creaste sin límites. El honor que le doy es Tuyo, y lo que es Tuyo me pertenece también a mí.

¿Qué es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo media entre las ilusiones y la verdad. Como Él debe tender un puente sobre la brecha entre la realidad y los sueños, la percepción conduce al conocimiento por la gracia que Dios Le ha dado, para ser Su regalo a todo el que se vuelve a Él en busca de la verdad. A través del puente que Él proporciona, los sueños son llevados todos a la verdad, para ser disipados ante la luz del conocimiento. Hay visiones y sonidos que quedan puestos a un lado para siempre.

Y donde antes se percibían, el perdón ha hecho posible el tranquilo final de la percepción.

La meta que establece la enseñanza del Espíritu Santo es precisamente este fin de los sueños. Pues las visiones y los sonidos deben ser traducidos de testigos del miedo a testigos del amor. Y cuando esto se ha logrado por completo, el aprendizaje ha alcanzado la única meta que tiene en verdad. Pues el aprendizaje, tal como el Espíritu Santo lo guía hacia el resultado que Él percibe para él, se convierte en el medio de ir más allá de sí mismo, para ser reemplazado por la Verdad Eterna.

Si supieras cuánto anhela tu Padre que reconozcas tu impecabilidad, no dejarías que Su Voz apelara en vano, ni te apartarías de Su sustitución de las imágenes temibles y los sueños que hiciste. El Espíritu Santo comprende los medios que hiciste, con los cuales quisieras alcanzar lo que es siempre inalcanzable. Y si se los ofreces a Él, empleará los medios que hiciste para el exilio para restaurar tu mente a donde verdaderamente está en casa.

Desde el conocimiento, donde Dios Lo ha colocado, el Espíritu Santo te llama para que dejes que el perdón repose sobre tus sueños y seas restituido a la cordura y a la paz mental. Sin perdón tus sueños permanecerán para aterrorizarte. Y el recuerdo de todo el Amor de tu Padre no volverá para significar que ha llegado el fin de los sueños.

Acepta el regalo de tu Padre. Es una llamada de Amor al Amor, para que sea solo Él Mismo. El Espíritu Santo es Su regalo, por el cual la quietud del Cielo es restaurada al amado Hijo de Dios. ¿Rehusarías asumir la función de completar a Dios, cuando todo lo que Él quiere es que tú estés completo?

✨ Resumen y puesta en práctica

Ningún límite puede imponerse al Hijo de Dios.

Esta lección es el punto culminante de una serie sobre la libertad (277-279). En el currículo, es una pregunta que invita a la reflexión: ¿qué límites puedes imponer al Hijo de Dios? La respuesta es clara: ninguno. Aquel a quien Dios creó sin límites es libre. Puedes inventarle un encarcelamiento, pero solo en las ilusiones, no en la verdad. Ningún Pensamiento de Dios ha dejado la Mente de su Padre. Ninguno está limitado. Ninguno es otra cosa que puro.

La idea central es que no puedes imponer límites a lo que Dios creó ilimitado. El Hijo de Dios es semejante a su Padre en libertad y en amor. El honor que rindes al Hijo se rinde a Dios. Y lo que es de Dios también te pertenece. Al honrar al Hijo de Dios, reconociendo que no tiene límites, que es libre, puro y santo, honras a Dios y reclamas tu propia herencia. Los límites que ves son ilusiones, no la realidad.

Esta lección concluye la serie sobre la libertad (277-280) y prepara las lecciones 281-290 sobre los pensamientos, el amor, la identidad y la santidad. Hace eco de la lección 250 (no te veas como limitado), de la lección 253 (mi Ser gobierna el universo) y de la lección 262 (más allá de las diferencias). La ausencia de límites es una consecuencia directa de la identidad divina. Si eres Hijo de Dios, no puedes ser limitado.

Concretamente, hoy, cada vez que encuentres un límite (de tiempo, de dinero, de capacidad, de salud, de comprensión), detente y pregunta: "¿Es un límite real o una ilusión?" Recuerda: "Soy el Hijo de Dios, y Dios no creó límites." No busques transgredir irresponsablemente los límites físicos, pero deja de creer en ellos como verdades absolutas. Tu conciencia de la ausencia de límites es lo que, poco a poco, los disuelve.

El universo es tu herencia, y nada es demasiado grande para ti. Los límites que percibes son nubes que pasan ante el sol de tu verdadera naturaleza. Mira más allá: solo hay infinito.

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