Padre, Tu Hijo es perfecto. Cuando piensa que está herido de algún modo, es porque ha olvidado quién es. Y que es tal como Tú lo creaste. Tus Pensamientos solo pueden traerme felicidad. Si alguna vez estoy triste, herido o enfermo, he olvidado lo que Tú piensas y he puesto mis pequeñas ideas sin sentido en el lugar donde pertenecen Tus Pensamientos y donde Ellos están. Nada puede herirme sino mis pensamientos. Los Pensamientos que pienso contigo solo pueden bendecir. Los Pensamientos que pienso solo contigo son verdaderos.
Hoy no me haré daño. Pues estoy muy por encima de todo dolor. Mi Padre me colocó a salvo en el Cielo, velando por mí. Y no atacaría al Hijo a Quien Él ama, pues lo que Él ama es mío para amarlo también.
✨ Resumen y puesta en práctica
Solo puedes ser herido por tus propios pensamientos.
Después de haber reconocido la ausencia de límites (lección 280), esta lección aborda la fuente de toda herida. En el currículo, es una enseñanza liberadora. El Hijo de Dios es perfecto. Cuando piensas que te han herido de cualquier manera, es porque has olvidado quién eres. Los Pensamientos de Dios solo pueden traerte felicidad. Si alguna vez estás triste, herido o enfermo, has puesto tus pequeñas ideas insignificantes en el lugar donde deben estar los Pensamientos de Dios. Solo puedes ser herido por tus propios pensamientos.
La idea central es que solo los pensamientos que piensas con Dios son verdaderos y no pueden sino bendecir. Los pensamientos que piensas solo, sin Dios, son la única causa de todo sufrimiento. El narrador elige no herirse hoy. Está mucho más allá de todo dolor. Su Padre lo ha puesto a salvo en el Cielo y vela por él. No atacará al Hijo que Dios ama, porque lo que Dios ama también se le da para que lo ame.
Esta lección se apoya en las lecciones de libertad (277-280) y prepara las lecciones 282-285 sobre el amor, la identidad y la santidad. Hace eco de la lección 248 (el sufrimiento no forma parte de mí), de la lección 249 (el perdón pone fin a todo sufrimiento) y de la lección 268 (que todas las cosas sean exactamente como son). La fuente del dolor no es el mundo exterior, sino la mente que ha olvidado a Dios.
Para vivir esta lección hoy, cuando sientas una emoción dolorosa (enojo, tristeza, miedo, frustración), detente y pregunta: "¿Qué pensamiento he creído que causa este dolor?" Identifica el pensamiento y pregunta: "¿Pienso este pensamiento con Dios o solo?" Si lo piensas solo, déjalo ir. Reemplázalo por un pensamiento que puedas pensar con Dios. Poco a poco descubrirás que el dolor desaparece cuando se suelta el pensamiento que lo causaba.
El mundo no puede herirte. Solo tus pensamientos pueden. Y tus pensamientos puedes cambiarlos. Hoy, elige los pensamientos que piensas con Dios, y el dolor ya no tendrá lugar en ti.
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