Si acepto que soy un prisionero dentro de un cuerpo, en un mundo en el que todas las cosas que parecen vivir parecen morir, entonces mi Padre es prisionero conmigo. Y esto es lo que creo cuando sostengo que debo obedecer las leyes que el mundo obedece; que las fragilidades y los pecados que percibo son reales y no pueden evitarse. Si estoy atado de algún modo, no conozco a mi
Padre ni a mi Ser. Y estoy perdido para toda realidad. Pues la verdad es libre, y lo que está atado no es parte de la verdad. Padre, no pido nada sino la verdad. He tenido muchos pensamientos necios acerca de mí mismo y de mi creación, y he traído un sueño de miedo a mi mente. Hoy no quiero soñar. Elijo el camino hacia Ti en lugar de la locura y en lugar del miedo. Pues la verdad es segura y solo el amor es cierto.
✨ Resumen y puesta en práctica
Si estás atado, crees que Dios es prisionero contigo.
Después de haber proclamado la libertad del Hijo (lección 277), esta lección revela la interdependencia entre tu libertad y la de Dios. En el currículo, es una lección sobre la unidad profunda. Si aceptas ser prisionero en un cuerpo, en un mundo donde todo parece morir, entonces crees que tu Padre es prisionero contigo. La verdad es libre, y lo que está atado no forma parte de la verdad. Si estás atado de cualquier manera, no conoces ni a tu Padre ni a tu Ser.
La idea central es que la creencia en el encarcelamiento es una creencia acerca de Dios mismo. Si sostienes que debes obedecer las leyes del mundo, que la fragilidad y el pecado son reales, entonces no conoces ni a tu Padre ni a tu Ser. El narrador solo pide la verdad. Rechaza los pensamientos necios acerca de sí mismo y el sueño de miedo. Elige el camino hacia Dios en lugar de la locura y el miedo. Porque la verdad no tiene peligro, y solo el amor es seguro.
Esta lección profundiza la lección 277 (libertad) y prepara la lección 279 (la libertad de la creación promete la mía). Hace eco de la lección 248 (el sufrimiento no forma parte de mí) y de la lección 260 (Dios me creó). Si Dios te creó libre, Él mismo es libre en ti. Creer en tu prisión es limitar a Dios. Elegir tu libertad es honrar a Dios.
Concretamente, hoy, cada vez que te sientas atrapado en una situación, una relación, un cuerpo, una enfermedad, detente y di: "Si estoy atado, creo que mi Padre está atado conmigo. Pero mi Padre es libre, por lo tanto soy libre." No busques entender cómo. Afirma simplemente la libertad como verdad. La sensación de estar atrapado es una creencia, no un hecho. Al reemplazarla con la verdad, desatas las cadenas de la mente.
No eres un prisionero. Dios no es un carcelero. Eres libre porque Dios es libre, y estás en Él. Deja caer los barrotes que construiste y camina en la luz de la libertad.
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