Padre, la verdad me pertenece. Mi hogar está establecido en el Cielo por Tu Voluntad y la mía. ¿Pueden los sueños contentarme? ¿Pueden las ilusiones traerme felicidad? ¿Qué sino Tu recuerdo puede satisfacer a Tu Hijo? No aceptaré menos de lo que me has dado. Estoy rodeado de Tu Amor, por siempre quieto, por siempre tierno y por siempre seguro.
El Hijo de Dios debe ser tal como Tú lo creaste. Hoy pasamos por alto las ilusiones. Y si oímos que la tentación nos llama a quedarnos y a demorarnos en un sueño, nos apartamos y nos preguntamos si nosotros, los Hijos de Dios, podríamos contentarnos con sueños, cuando el Cielo puede elegirse con la misma facilidad que el infierno, y el amor reemplazará felizmente todo miedo.
✨ Resumen y puesta en práctica
El Hijo de Dios no puede ser satisfecho con ilusiones.
Después de haber comprendido que eliges tu visión a cada instante (lección 271), esta lección te ayuda a hacer la elección correcta recordándote quién eres. En el currículo, es una poderosa pregunta retórica. Tú, el Hijo de Dios, ¿cómo podrían las ilusiones satisfacerte de verdad? La verdad te pertenece. Tu morada está establecida en el Cielo por la Voluntad de Dios y la tuya. Entonces, ¿por qué te contentarías con sueños cuando una realidad mucho más grande te espera?
La idea central es que los sueños y las ilusiones no pueden traer la felicidad verdadera al Hijo de Dios. Solo la memoria de Dios puede satisfacer a Su Hijo. No aceptarás menos que lo que Dios te ha dado. Estás rodeado por Su Amor, siempre sereno, siempre dulce y siempre seguro. Si oyes que la tentación te llama a permanecer en un sueño, apártate y pregúntate: ¿por qué elegir el infierno cuando el Cielo es tan fácil de elegir? El amor reemplazará todo miedo con alegría.
Esta lección se apoya en la anterior (elección de la visión) y prepara las lecciones 273-275 sobre la paz, el amor y la protección divina. Hace eco de la lección 251 (no necesito nada excepto la verdad) y de la lección 252 (el Hijo de Dios es mi Identidad). Si sabes quién eres, sabes lo que puede satisfacerte. Las ilusiones del mundo son juguetes de niño para el Hijo del Rey del universo.
Concretamente, hoy, cuando sientas una carencia, un deseo, una insatisfacción, detente. Observa lo que crees querer. Luego pregúntate con honestidad: "¿Puede esto satisfacer al Hijo de Dios que soy?" Si la respuesta es no, suéltalo. No tienes que privarte, sino reconocer que lo que realmente buscas es mucho más grande. Cada deseo insatisfecho es un recordatorio de que solo Dios puede llenar el vacío que hay en ti.
Eres demasiado grande para ser colmado con las pequeñas cosas del mundo. Tus deseos insatisfechos son la prueba de que buscas algo mucho más vasto: al mismo Dios. No te conformes con menos.
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