En ninguna situación que surja te das cuenta del resultado que te haría feliz. Por lo tanto no tienes guía para la acción apropiada, ni manera de juzgar los resultados. Lo que haces está determinado por tu percepción de la situación, y esa percepción es errónea. Es inevitable, pues, que no sirvas a tus propios intereses. Sin embargo, éstos son tu única meta en cualquier situación que se perciba correctamente. De lo contrario, no reconocerás cuáles son.
Si te dieras cuenta de que no percibes tus propios intereses, se te podría enseñar cuáles son. Pero en presencia de tu convicción de que sí sabes cuáles son, no puedes aprender. La idea de hoy es un paso hacia abrir tu mente para que el aprendizaje pueda comenzar.
Los ejercicios de hoy requieren mucha más honestidad de la que estás acostumbrado a emplear. Unos pocos objetos, considerados honesta y cuidadosamente en cada uno de los cinco períodos de práctica que deben emprenderse hoy, serán más útiles que un examen más superficial de un gran número. Se sugieren dos minutos para cada uno de los períodos de búsqueda mental que suponen los ejercicios.
Los períodos de práctica comienzan repitiendo la idea de hoy, seguido de una búsqueda en la mente, con los ojos cerrados, de situaciones sin resolver por las que estés actualmente preocupado. El énfasis debe ponerse en descubrir el resultado que quieres. Pronto te darás cuenta de que tienes varias metas en mente como parte del resultado deseado; y también de que estas metas están en niveles diferentes, y a menudo entran en conflicto.
Nombra cada situación que se te ocurra, y enumera cuidadosamente tantas metas como sea posible que te gustaría ver cumplidas en su resolución. La forma de cada aplicación debe ser más o menos la siguiente:
En la situación que implica _____, me gustaría que sucediera _____, y que sucediera _____, y así sucesivamente. Procura abarcar tantas clases diferentes de resultado como honestamente puedan ocurrírsete, aunque algunos de ellos no te parezcan estar directamente relacionados con la situación, ni siquiera ser inherentes a ella en absoluto.
Si estos ejercicios se hacen correctamente, reconocerás rápidamente que estás haciendo a la situación un gran número de exigencias que no tienen nada que ver con ella. También reconocerás que muchas de tus metas son contradictorias, que no tienes en mente un resultado unificado, y que has de experimentar desilusión en relación con algunas de tus metas sea cual sea el desenlace de la situación.
Después de cubrir la lista de tantas metas esperadas como sea posible para cada situación sin resolver que cruce tu mente, dite:
No percibo mis propios intereses en esta situación, y pasa a la siguiente.
✨ Resumen y puesta en práctica
La confesión que libera el aprendizaje.
La lección 24 es una llamada a la humildad más profunda: no percibes tu propio interés. El curso es categórico: no hay situación que se presente en la que te des cuenta del resultado que te haría feliz. Por consiguiente, no tienes guía para actuar de manera apropiada, ni forma alguna de juzgar el resultado. Lo que haces está determinado por tu percepción de la situación, y esa percepción es falsa. Es inevitable que no sirvas a tu propio interés. Pero si te dieras cuenta de que no percibes cuál es tu propio interés, sería posible enseñártelo. Ese es precisamente el propósito de esta lección: abrir tu mente para que el aprendizaje pueda comenzar.
El ejercicio requiere mucha más honestidad que de costumbre. Se sugieren cinco períodos de dos minutos. Empiezas repitiendo la idea, luego examinas tu mente, con los ojos cerrados, para encontrar las situaciones no resueltas que te preocupan. Para cada situación, enumeras con cuidado todas las metas que te gustaría alcanzar en su resolución. Descubrirás rápidamente que tienes en mente cierto número de metas, situadas en niveles diferentes y a menudo en conflicto. El curso te pide que seas honesto y atento en lugar de superficial y rápido.
Esta lección sigue a la liberación de los pensamientos de ataque (lección 23). Tras haber abandonado los ataques, ahora debes reconocer que incluso tus deseos « positivos » se basan en una percepción falsa de tu interés. Las lecciones 25 (« No sé para qué sirve nada ») y 26 (« Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad ») seguirán deshaciendo las falsas creencias sobre ti mismo y sobre el mundo. Es una limpieza a fondo antes de abordar las lecciones más luminosas sobre Dios (lecciones 27-30).
Puesta en práctica:
Cinco períodos de ejercicio de dos minutos. Repite la idea, luego cierra los ojos y busca situaciones no resueltas. Para cada situación, enumera todos los resultados que deseas. Sé honesto: probablemente verás metas contradictorias. No intentes resolverlas, conténtate con reconocerlas. Termina repitiendo la idea.
Aceptar que no sabes es hacer sitio para que entre la sabiduría.
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