Tamaño del texto
Lección 228

Dios no me ha condenado. Yo tampoco lo hago ya.

Mi Padre conoce mi santidad. ¿Negaré Su conocimiento y creeré en lo que Su conocimiento hace imposible? ¿Aceptaré como verdadero lo que Él proclama como falso? ¿O tomaré Su Palabra sobre lo que soy, puesto que Él es mi Creador y Aquel Que conoce la verdadera condición de Su Hijo?

Padre, me equivoqué respecto de mí mismo, porque no logré comprender la Fuente de la Cual vine. No he dejado esa Fuente para entrar en un cuerpo y morir. Mi santidad sigue siendo parte de mí, así como yo soy parte de Ti. Y mis errores acerca de mí mismo son sueños. Los dejo ir hoy. Y estoy dispuesto a recibir solo Tu Palabra acerca de lo que realmente soy.

✨ Resumen y puesta en práctica

Dios no te ha condenado, y tú tampoco.

Esta lección aborda la raíz de todo sufrimiento: la creencia de que Dios te ha condenado por tus pecados. Es una creencia tan profundamente arraigada en la mente humana que parece una verdad evidente. Pero la lección la desmantela con una lógica simple: «Mi Padre conoce mi santidad. ¿Voy a negar Su conocimiento y creer en lo que Su conocimiento hace imposible?». Si Dios conoce tu santidad —y la conoce puesto que te creó santo—, entonces ¿cómo podría condenarte? Condenar y conocer la santidad son incompatibles. No puedes condenar lo que reconoces como perfecto. La condena divina es una imposibilidad lógica.

La oración continúa: «¿Voy a aceptar como verdadero lo que Él proclama falso? ¿O voy a tomar Su Palabra sobre lo que soy, puesto que Él es mi Creador y Quien conoce la verdadera condición de Su hijo?». Tienes la elección entre dos fuentes de información sobre ti mismo: la Palabra de Dios, que te dice que eres santo e impecable, y la voz del ego, que te dice que eres culpable y condenable.

La segunda parte de la oración reconoce el error con dulzura: «Padre, me equivocaba acerca de mí porque no me daba cuenta de la Fuente de la que venía. No he abandonado esa Fuente para entrar en un cuerpo y morir. Mi santidad sigue siendo una parte de mí, como yo soy parte de Ti». Nunca has abandonado a Dios. Nunca te has convertido en un cuerpo destinado a morir.

Puesta en práctica:

Hoy, cada vez que la culpa te visite por algo que has hecho o no has hecho, detente y di: «Dios no me ha condenado por esto. Entonces ¿por qué habría de condenarme yo?». Sustituye la autocondena por la verdad: «Mi santidad sigue siendo una parte de mí. Soy tal como Dios me creó». Acógete a ti mismo con la misma compasión que Dios tiene por ti. Verás que la culpa no puede sobrevivir a la luz de este reconocimiento.

Dios nunca ha pronunciado una palabra de condena contra ti: todo juicio viene de ti mismo, y puedes deshacerlo tan simplemente como lo hiciste.


Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias

Me inscribo gratis →
Preguntar a Un Curso de Milagros