Padre, es hoy cuando soy libre, porque mi voluntad es la Tuya. Pensé en hacer otra voluntad. Pero nada de lo que pensé aparte de Ti existe. Y soy libre porque me equivoqué, y no afecté en absoluto mi propia realidad con mis ilusiones. Ahora las abandono y las deposito ante los pies de la verdad, para que sean retiradas para siempre de mi mente. Este es mi instante santo de liberación. Padre, sé que mi voluntad es una con la Tuya.
Y así hoy hallamos nuestro alegre regreso al Cielo, que nunca abandonamos en realidad. El Hijo de Dios depone este día sus sueños. El Hijo de Dios vuelve este día a casa, liberado del pecado y vestido de santidad, con su mente recta restaurada por fin.
✨ Resumen y puesta en práctica
Este es el santo instante de tu liberación
esta lección proclama que ha llegado el momento de tu liberación, no en un futuro hipotético, sino ahora. «Padre, hoy soy libre, porque mi voluntad es la Tuya». La libertad no es una recompensa por haber vivido bien, sino la consecuencia inmediata de alinear tu voluntad con la de Dios. Has pensado que tenías una voluntad separada, deseos personales, metas independientes. Pero ese pensamiento no era más que una ilusión. «Nada de lo que he pensado aparte de Ti existe». Esta toma de conciencia no es una pérdida, sino un inmenso alivio: no tienes que cargar con el fardo de una voluntad separada que lucha contra el universo.
La lección añade una verdad liberadora: «Soy libre porque me equivocaba y no he afectado en absoluto mi propia realidad con mis ilusiones». Has cometido errores, has tenido ilusiones, has creído mentiras, pero nada de eso ha tocado tu realidad verdadera. Has permanecido perfecto e intacto en la conciencia de Dios, inalterado por tus aventuras en el sueño.
El santo instante de la liberación es aquel en que reconoces que tu voluntad no es más que una con la de Dios. Es un instante fuera del tiempo, un momento de claridad donde los velos de la ilusión caen. La lección declara: «Así es como hoy encontramos nuestro feliz regreso al Cielo, que nunca hemos abandonado realmente. El Hijo de Dios, en este día, deja sus sueños.
Puesta en práctica:
Al levantarte esta mañana, declara: «Este es el santo instante de mi liberación. Hoy soy libre». A lo largo del día, cuando se presente un pensamiento de culpa o de miedo, recuerda: «Mis ilusiones no han afectado mi realidad. Las deposito a los pies de la verdad». Planta simbólicamente esos pensamientos delante de ti y míralos disolverse en la luz de la verdad. Cada vez que haces ese gesto, vives el santo instante de la liberación.
El santo instante no es un momento especial que haya que esperar: siempre está presente, y solo tienes que entrar en él mediante la simple decisión de depositar tus ilusiones.
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