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Lección 225

Dios es mi Padre, y Su Hijo Lo ama.

Padre, debo devolverte Tu Amor por mí. Pues dar y recibir son lo mismo, y Tú me has dado todo Tu Amor. Debo devolverLo, pues quiero que sea mío en plena consciencia, resplandeciendo en mi mente, y manteniéndolo dentro de Su bondadosa luz, inviolado, amado, con el miedo atrás y solo la paz por delante. ¡Qué sereno es el camino por el que Tu amoroso Hijo es conducido hasta Ti!

Hermano, hallamos esa quietud ahora. El camino está abierto. Ahora lo seguimos juntos en paz. Me has tendido la mano, y nunca te dejaré. Somos uno, y es solo esta unidad lo que buscamos mientras damos estos pocos pasos finales que ponen fin a un viaje que nunca comenzó.

✨ Resumen y puesta en práctica

Dios es tu Padre, y tú Lo amas a cambio

Esta lección es la contrapartida de la anterior: después de haber reconocido que Dios es tu Padre y que te ama, reconoces ahora que Lo amas a cambio. El amor es una relación de reciprocidad perfecta. «Padre, debo devolverte el Amor que Tú tienes por mí, porque dar y recibir son lo mismo y Tú me has dado todo Tu Amor». No eres simplemente un receptáculo pasivo del amor divino. Estás llamado a devolver ese amor, no porque Dios lo necesite, sino porque es al devolverlo como lo posees plenamente. El amor que circula es el amor vivido; el amor retenido es el amor perdido.

La lección describe magníficamente lo que significa devolver el amor: «Debo devolverlo, porque lo quiero para mí en plena conciencia, ardiendo en mi mente y guardándolo en su dulce luz, inviolado, amado, con el miedo detrás y nada más que la paz delante». Devolver el amor a Dios no es ofrecerle algo que no tuviera, sino dejar que el amor arda en ti como un fuego suave y constante.

La segunda parte de la lección se dirige directamente a tu hermano: «Hermano, encontramos esta calma ahora. El camino está abierto. Ahora lo seguimos juntos en la paz. Me has tendido la mano y nunca te dejaré. Somos uno solo y no buscamos más que esta unidad, mientras damos estos últimos pasos que ponen fin a un viaje que no ha sido comenzado». Estas palabras son de una ternura infinita.

Puesta en práctica:

Hoy, en silencio, repite: «Dios es mi Padre, y Lo amo». Deja que este amor circule en ti. Luego extiéndelo a todos aquellos con quienes te encuentres, pensando: «Tú también eres hijo de Dios, y te amo como a mi hermano». Cuando se presenten el miedo o el conflicto, recuerda que tu amor por Dios y tu amor por tu hermano no son más que uno. Al amar a tu hermano, devuelves a Dios el amor que Él te ha dado. El camino está abierto, la paz te espera.

El amor de Dios no está completo sin tu amor a cambio: al amarLo, completas el círculo de la creación y te conviertes en lo que siempre has sido.


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