La gratitud es una lección difícil de aprender para quienes miran el mundo erróneamente. Lo máximo que pueden hacer es verse a sí mismos mejor situados que otros. E intentan estar contentos porque otro parece sufrir más que ellos. ¡Qué lamentables y degradantes son tales pensamientos! Pues ¿quién tiene motivo de agradecimiento mientras otros tienen menos motivo, y quién podría sufrir menos porque ve a otro sufrir más? Tu gratitud se debe solo a Aquel Que hizo desaparecer del mundo toda causa de pesar.
Es insano dar gracias a causa del sufrimiento. Pero es igualmente insano dejar de agradecer a Aquel Que te ofrece el medio seguro por el cual todo dolor es sanado y el sufrimiento es reemplazado por risa y felicidad. Ni siquiera los parcialmente cuerdos podrían negarse a dar los pasos que Él dirige y seguir el camino que Él pone ante ellos para escapar de una prisión que pensaban que no contenía puerta alguna hacia la liberación que ahora perciben.
Tu hermano es tu enemigo porque ves en él al rival de tu paz; a un saqueador que te quita tu alegría y no te deja más que una negra desesperación tan amarga e implacable que no queda esperanza alguna. Ahora la venganza es lo único que se puede desear. Ahora solo puedes tratar de derribarlo para que yazga contigo en la muerte, tan inútil como tú mismo; con tan poco en sus dedos ávidos como en los tuyos.
No ofreces a Dios tu gratitud porque tu hermano sea más esclavo que tú, ni podrías sanamente enfurecerte si parece más libre. El amor no hace comparaciones. Y la gratitud solo puede ser sincera si está unida al amor. Damos gracias a Dios nuestro Padre porque en nosotros todas las cosas encontrarán su libertad. Nunca ocurrirá que unos sean soltados mientras otros siguen atados, pues ¿quién puede regatear en nombre del amor?
Por lo tanto, da gracias, pero con sinceridad. Y deja que tu gratitud haga lugar para todos los que escaparán contigo: los enfermos, los débiles, los necesitados y los asustados, y los que lloran una aparente pérdida o sienten un aparente dolor, los que sufren frío o hambre, o los que caminan por el camino del odio y el sendero de la muerte. Todos estos van contigo. No nos comparemos con ellos, pues así los separamos en nuestra consciencia de la Unidad que compartimos con ellos, como ellos deben compartirla con nosotros.
Damos gracias a nuestro Padre por una sola cosa: que no estamos separados de ningún ser viviente, y por lo tanto somos uno con Él. Y nos regocijamos de que nunca puedan hacerse excepciones que reduzcan nuestra plenitud, o perjudiquen o cambien nuestra función de completar a Aquel Que es Él Mismo la compleción. Damos gracias por todo ser viviente, pues de lo contrario damos gracias por nada y dejamos de reconocer los regalos que Dios nos hace.
Entonces dejemos que nuestros hermanos apoyen sus cabezas cansadas en nuestros hombros mientras descansan un rato. Damos gracias por ellos. Pues si podemos dirigirlos hacia la paz que buscamos encontrar, el camino se nos abre por fin a nosotros. Una antigua puerta se abre de nuevo de par en par; una Palabra largamente olvidada resuena de nuevo en nuestra memoria, y gana claridad a medida que estamos dispuestos a escuchar una vez más.
Camina, pues, con gratitud por el camino del amor. Pues el odio se olvida cuando dejamos a un lado las comparaciones. ¿Qué obstáculos a la paz quedan aún? El miedo a Dios queda por fin deshecho, y perdonamos sin comparar. Así no podemos elegir pasar por alto algunas cosas y retener otras bajo llave como pecados. Cuando tu perdón sea completo, tendrás gratitud total, pues verás que todo se ha ganado el derecho al amor por ser amoroso, igual que tu Ser.
Hoy aprendemos a pensar en la gratitud en lugar de la ira, la malicia y la venganza. Se nos ha dado todo. Si nos negamos a reconocerlo, no tenemos por ello derecho a nuestra amargura, ni a una percepción de nosotros mismos que nos considera en un lugar de persecución despiadada, donde somos acosados sin cesar y empujados de un lado a otro sin un pensamiento ni un cuidado por nosotros ni por nuestro futuro. La gratitud se convierte en el único pensamiento que sustituimos a estas insanas percepciones. Dios ha cuidado de nosotros y nos llama Hijo. ¿Puede haber algo más que esto?
Nuestra gratitud allanará el camino hacia Él y acortará nuestro tiempo de aprendizaje en más de lo que jamás podrías soñar. La gratitud va de la mano del amor, y donde uno está, el otro debe hallarse. Pues la gratitud no es sino un aspecto del amor que es la Fuente de toda creación. Dios te da gracias a ti, Su Hijo, por ser lo que eres; Su propia compleción y la Fuente de amor, junto con Él. Tu gratitud hacia Él es una con la Suya hacia ti. Pues el amor no puede caminar por otro camino que el de la gratitud, y así vamos los que caminamos el camino hacia Dios.
✨ Resumen y puesta en práctica
Camina en el amor con un corazón agradecido.
La gratitud es una lección difícil de aprender para quienes miran mal el mundo. Lo más que pueden hacer es verse a sí mismos en mejor postura que los demás, contentos porque otro parece sufrir más que ellos. hace desaparecer toda causa de pena en el mundo entero. La lección revela que ver a nuestro hermano como un rival nos priva de toda paz, sin dejar más que negra desesperación y venganza. El amor no hace comparaciones.
Tu hermano puede parecerte un enemigo porque ves en él a un rival que te disputa la paz, un saqueador que te arrebata la alegría y no te deja más que una negra desesperación. Crees entonces que no queda más que la venganza, que debes hacerlo caer para que yazca contigo en la muerte. Pero esa visión es una ilusión completa.
El camino del amor es el único que lleva a la paz verdadera. Al caminar por ese camino con gratitud, reconoces que cada paso es guiado, cada instante está provisto, cada encuentro es una bendición. La gratitud no es una reacción a algo bueno que te ocurre: es una manera de ver que revela el bien en todas las cosas.
Puesta en práctica:
Hoy, a cada hora, encuentra una razón para estar agradecido. No comparando tu situación con la de los demás, sino estando simplemente atento a todo lo que se te da: el aliento, la luz, una palabra amable, una taza de agua. Cuando te cruces con alguien, da gracias interiormente por su presencia en tu vida, sea cual sea la forma que adopte. Deja que la gratitud se convierta en el sonido de fondo de tu jornada, y verás que todo te parecerá más dulce, más ligero, más amoroso.
El amor es el camino y la gratitud es la luz que ilumina ese camino: sin la una, la otra no puede brillar plenamente.
Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias
Me inscribo gratis →