La idea de hoy da otro paso hacia la rápida salvación, ¡y es en verdad una zancada gigantesca! Tan grande es la distancia que abarca que te deja justo antes del Cielo, con la meta a la vista y los obstáculos atrás. Tu pie ha llegado a los prados que te dan la bienvenida a la puerta del Cielo; el lugar sereno de paz donde esperas con certeza el paso final de Dios. ¡Cuánto nos alejamos ahora de la tierra! ¡Cuánto nos acercamos a nuestra meta! ¡Qué corto es el viaje que aún queda por recorrer!
Acepta la idea de hoy y habrás dejado atrás toda ansiedad, todos los pozos del infierno, toda la negrura de la depresión, los pensamientos de pecado y la devastación causada por la culpa. Acepta la idea de hoy y habrás liberado al mundo de todo encarcelamiento aflojando las pesadas cadenas que cerraban sobre él la puerta de la libertad. Estás salvado, y tu salvación se convierte así en el regalo que haces al mundo porque has recibido.
En ningún instante se siente depresión, ni se experimenta dolor, ni se percibe pérdida. En ningún instante puede el pesar ser puesto en un trono y adorado fielmente. En ningún instante puede nadie siquiera morir. Y así, cada instante dado a Dios de pasada, con el siguiente ya entregado a Él, es un tiempo de tu liberación de la tristeza, del dolor e incluso de la muerte misma.
Dios sostiene tu futuro como sostiene tu pasado y tu presente. Para Él son uno, y por eso deberían ser uno para ti. Sin embargo, en este mundo la progresión temporal aún parece real. Y por eso no se te pide que entiendas la falta de secuencia que realmente se halla en el tiempo. Solo se te pide que dejes ir el futuro y lo pongas en las Manos de Dios. Y verás por tu experiencia que has puesto también en Sus manos el pasado y el presente, porque el pasado ya no te castigará y el temor al futuro carecerá ahora de significado.
Libera el futuro. Pues el pasado se ha ido, y lo que es presente, liberado de su legado de aflicción y miseria, de dolor y pérdida, se convierte en el instante en que el tiempo escapa de la esclavitud de las ilusiones donde sigue su curso despiadado e inevitable. Entonces cada instante, que era esclavo del tiempo, se transforma en un instante santo en que la luz que se mantenía oculta en el Hijo de Dios es liberada para bendecir al mundo. Ahora él es libre, y toda su gloria brilla sobre un mundo hecho libre con él, para compartir su santidad.
Si puedes ver la lección de hoy como la liberación que realmente es, no dudarás en dedicar todo el esfuerzo constante que puedas para que pase a formar parte de ti. A medida que se convierta en un pensamiento que gobierne tu mente, en un hábito de tu repertorio para resolver problemas, en una manera de reaccionar rápidamente a la tentación, extenderás tu aprendizaje al mundo. Y a medida que aprendas a ver la salvación en todas las cosas, el mundo percibirá que está salvado.
¿Qué preocupación puede asaltar a quien entrega su futuro a las amorosas manos de Dios? ¿Qué puede sufrir? ¿Qué puede causarle dolor o traerle la experiencia de la pérdida? ¿Qué puede temer? ¿Y qué puede mirar sino con amor? Pues quien ha escapado de todo miedo al dolor futuro ha encontrado su camino hacia la paz presente y la certeza de un cuidado que el mundo nunca puede amenazar. Está seguro de que su percepción puede ser defectuosa, pero nunca carecerá de corrección. Es libre de elegir de nuevo cuando ha sido engañado; de cambiar de mente cuando ha cometido errores.
Pon, pues, tu futuro en las manos de Dios. Pues así llamas al recuerdo de Él para que vuelva, reemplazando todos tus pensamientos de pecado y maldad por la verdad del amor. ¿Crees que el mundo podría dejar de ganar con ello, y que toda criatura viviente no respondería con una percepción sanada? Quien se confía a Dios ha puesto también el mundo en las manos a las que él mismo ha apelado en busca de consuelo y seguridad. Deja a un lado las enfermas ilusiones del mundo junto con las suyas, y ofrece paz a ambos.
Ahora estamos en verdad salvados. Pues en las manos de Dios descansamos sin perturbación, seguros de que solo el bien puede llegarnos. Si olvidamos, se nos tranquilizará con dulzura. Si aceptamos un pensamiento carente de perdón, pronto será reemplazado por el reflejo del amor. Y si somos tentados a atacar, apelaremos a Aquel Que vela nuestro descanso para que haga por nosotros la elección que deja la tentación muy atrás. El mundo ya no es nuestro enemigo, pues hemos elegido ser sus amigos.
✨ Resumen y puesta en práctica
Confía tu futuro a Dios y encuentra la paz.
La idea de hoy es un paso de gigante hacia la salvación. Cubre una distancia tan grande que te deposita justo antes del Cielo, con la meta a la vista y los obstáculos a tus espaldas. Tu pie ya ha tocado los céspedes que te acogen a las puertas del Cielo. Estás en ese lugar tranquilo de la paz donde esperas con certeza el último paso de Dios.
Si aceptas esta lección, liberas al mundo de todo encarcelamiento, soltando las pesadas cadenas que cerraban sobre él la puerta de la libertad. Estás salvado, y tu salvación se convierte así en el don que haces al mundo, porque la has recibido.
Dios sostiene tu futuro como sostiene tu pasado y tu presente. Para Él son uno solo. En este mundo, la progresión temporal todavía parece real, y no se te pide que comprendas la falta de continuidad que realmente hay en el tiempo. Solo se te pide que sueltes el futuro y lo pongas en las Manos de Dios.
Puesta en práctica:
Hoy, cada vez que te inquietes por lo que va a ocurrir, detente y di: «Pongo esto en las Manos de Dios». Ya sea una preocupación por el mañana, un proyecto, la salud o una relación. Visualízate depositando esa inquietud en unas manos bondadosas que saben mejor que tú lo que es bueno. Luego déjala ahí. No la recojas de nuevo. Repite este ejercicio tan a menudo como sea necesario. Descubrirás que, sin la carga del futuro, el presente se vuelve ligero, apacible y pleno.
Poner el futuro en las Manos de Dios es reconocer que Tú solo sabes lo que es bueno para tu hijo, y que tu hijo puede confiar en Tu amor infinito.
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