La importancia de esta idea reside en el hecho de que contiene una corrección para una importante distorsión perceptual. Piensas que lo que te disgusta es un mundo aterrador, o un mundo triste, o un mundo violento, o un mundo demente. Todos estos atributos se los das tú. El mundo es en sí mismo carente de significado.
Estos ejercicios se hacen con los ojos abiertos. Mira a tu alrededor, esta vez con bastante lentitud. Procura marcar tu ritmo de modo que el lento desplazamiento de tu mirada de una cosa a otra implique un intervalo de tiempo bastante constante. No permitas que el tiempo del desplazamiento se vuelva notablemente más largo o más corto, sino procura, por el contrario, mantener un tempo medido y uniforme todo el tiempo. Lo que veas no importa. Te enseñas esto a ti mismo al dar a todo aquello en lo que se posa tu mirada igual atención e igual tiempo. Éste es un paso inicial para aprender a darles a todas las cosas igual valor.
Mientras miras a tu alrededor, di para ti:
Creo ver un mundo temible, un mundo peligroso, un mundo hostil, un mundo triste, un mundo malvado, un mundo loco, y así sucesivamente, usando los términos descriptivos que se te ocurran.
Si se te ocurren términos que parecen positivos en vez de negativos, inclúyelos. Por ejemplo, podrías pensar en un mundo bueno, o un mundo satisfactorio. Si se te ocurren tales términos, úsalos junto con los demás. Quizá todavía no entiendas por qué estos bonitos adjetivos pertenecen a estos ejercicios, pero recuerda que un mundo bueno implica uno malo, y un mundo satisfactorio implica uno insatisfactorio. Todos los términos que crucen tu mente son objetos adecuados para los ejercicios de hoy. Su cualidad aparente no importa.
Procura no alterar los intervalos de tiempo entre la aplicación de la idea de hoy a lo que consideras agradable y a lo que consideras desagradable. Para los propósitos de estos ejercicios no hay diferencia entre ellos. Al final del período de práctica, añade: Pero estoy disgustado porque veo un mundo carente de significado.
Lo que carece de significado no es ni bueno ni malo. ¿Por qué, entonces, habría de disgustarte un mundo carente de significado? Si pudieras aceptar el mundo como carente de significado y dejar que la verdad se escribiera sobre él para ti, te haría indeciblemente feliz. Pero porque carece de significado, te ves impulsado a escribir sobre él lo que quisieras que fuese. Eso es lo que ves en él. Eso es lo que en verdad carece de significado. Debajo de tus palabras está escrita la Palabra de Dios. La verdad te disgusta ahora, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás las Suyas.
Ése es el propósito último de estos ejercicios.
Tres o cuatro veces basta para practicar la idea de hoy.
Ni los períodos de práctica deben exceder de un minuto.
Quizá incluso esto te resulte demasiado largo.
Termina los ejercicios siempre que experimentes una sensación de tensión.
✨ Resumen y puesta en práctica
El mundo no es más que lo que tú haces de él.
Tras haber comprendido que tus pensamientos crean el mundo que ves, la lección 12 te enseña que eres tú quien da al mundo todos sus atributos. Piensas que es un mundo aterrador que te disgusta, o un mundo triste, o un mundo violento. Pero el curso te dice: « Eres tú quien le da todos esos atributos. El mundo en sí es insignificante. » Esta frase es una bomba de liberación. Si el mundo en sí es insignificante, entonces no tiene ningún poder sobre ti. Todo el miedo que sientes no viene del mundo sino de ti.
El ejercicio se hace con los ojos abiertos, mirando muy lentamente a tu alrededor. El curso te pide que ajustes tu mirada para que pase de una cosa a otra a intervalos constantes, manteniendo un ritmo uniforme. Lo que ves no importa. Lo que cuenta es aprender a conceder a todas las cosas un valor igual. Mientras miras, te dices: « Pienso que veo un mundo atemorizante, un mundo peligroso », usando los términos que te vengan. Si te vienen términos positivos, inclúyelos también, pues incluso un mundo bueno supone un mundo malo.
Esta lección es la continuación lógica de la lección 11. Esta estableció que tus pensamientos determinan el mundo; aquella te muestra que proyectas tus atributos sobre ese mundo. La lección 13 reforzará esta idea diciendo que un mundo insignificante engendra miedo. Juntas, estas lecciones construyen una comprensión radical: el mundo no tiene poder intrínseco. Todo lo que ves en él es una proyección. Las lecciones siguientes te darán los medios para deshacer esa proyección reconociendo que Dios no creó este mundo.
Para hoy, tres o cuatro veces durante el día, mira despacio a tu alrededor. Mantén un ritmo uniforme entre cada objeto. Di: « Pienso que veo un mundo... » y nombra los atributos que te vengan, positivos o negativos. Aprende a ver que todos esos atributos vienen de ti, y que el mundo en sí mismo está libre de todo juicio.
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