Llega, luna como el cielo jamás ha visto otra igual, despierto o en sueños,
Coronada por una llama eterna que ningún diluvio podría apagar.
He aquí que, del frasco de Tu amor, ¡oh Señor!, mi alma se embriaga,
¡y toda la morada de barro de mi cuerpo queda arruinada!
Cuando, por primera vez, el dador de la uva trabó amistad con mi corazón solitario,
el vino encendió mi pecho y llenó mis venas;
Pero cuando Su imagen se apoderó de toda mi mirada, una voz descendió:
«¡Bravo, oh vino soberano y copa sin igual!»
El poderoso brazo del amor derriba cada morada sombría, desde el techo hasta los cimientos,
Allí donde grietas obstinadas dejan filtrarse un rayo de oro.
Cuando el mar del amor brotó de pronto ante los ojos de mi corazón,
Este se lanzó de cabeza a él, diciendo: «¡Veamos quién podrá encontrarme!»
Coronada por una llama eterna que ningún diluvio podría apagar.
He aquí que, del frasco de Tu amor, ¡oh Señor!, mi alma se embriaga,
¡y toda la morada de barro de mi cuerpo queda arruinada!
Cuando, por primera vez, el dador de la uva trabó amistad con mi corazón solitario,
el vino encendió mi pecho y llenó mis venas;
Pero cuando Su imagen se apoderó de toda mi mirada, una voz descendió:
«¡Bravo, oh vino soberano y copa sin igual!»
El poderoso brazo del amor derriba cada morada sombría, desde el techo hasta los cimientos,
Allí donde grietas obstinadas dejan filtrarse un rayo de oro.
Cuando el mar del amor brotó de pronto ante los ojos de mi corazón,
Este se lanzó de cabeza a él, diciendo: «¡Veamos quién podrá encontrarme!»