Me callo. Habla Tú, oh Alma del Alma del Alma,
Tú, cuyo rostro anhelado hizo hablar a cada átomo.
anoche confié a una estrella noticias para Ti:
«Presenta, le dije, mis homenajes a esa forma semejante a la luna».
Me incliné y dije: «Lleva estos homenajes al sol,
que, con su ardor, convierte las rocas duras en oro».
Descubrí mi pecho, le mostré las heridas:
«Lleva noticias mías, le dije, al Amado, cuyo brebaje es la sangre».
Me mecía para calmar al niño que es mi corazón;
un niño se duerme cuando se mece su cuna.
dale leche a mi corazón-niño, líbranos de su llanto,
Oh Tú, que a cada instante ayudas a cien desdichados como yo.
La morada del corazón, de principio a fin, es Tu Ciudad de la Unión:
¿Cuánto tiempo mantendrás exiliado a este corazón desolado?
Tú, cuyo rostro anhelado hizo hablar a cada átomo.
anoche confié a una estrella noticias para Ti:
«Presenta, le dije, mis homenajes a esa forma semejante a la luna».
Me incliné y dije: «Lleva estos homenajes al sol,
que, con su ardor, convierte las rocas duras en oro».
Descubrí mi pecho, le mostré las heridas:
«Lleva noticias mías, le dije, al Amado, cuyo brebaje es la sangre».
Me mecía para calmar al niño que es mi corazón;
un niño se duerme cuando se mece su cuna.
dale leche a mi corazón-niño, líbranos de su llanto,
Oh Tú, que a cada instante ayudas a cien desdichados como yo.
La morada del corazón, de principio a fin, es Tu Ciudad de la Unión:
¿Cuánto tiempo mantendrás exiliado a este corazón desolado?