Vi al Águila, elevándose hacia el Sol, surcar los aires;
Y, sentada en la sombra, a una pareja de tórtolas arrullar.
Vi a las nubes correr en tropel, salvajes, por encima de los cielos;
Y a los corderitos reunirse, graciosos, muy cerca del Pastor.
Oí a las estrellas preguntar: ¿Cuándo nos elevaremos de nuevo?
Y a los brotes, replegados en sus semillas, suspirar: ¿Se preocupa el Amor por nosotros?
Vi a una brizna de hierba florecer por la mañana y marchitarse por la noche;
Mientras los cedros desafiaban durante mil años las tempestades desatadas.
Vi las olas del viejo océano, coronadas de espuma como reyes,
Y luego, apartadas de las rocas, caer como penitentes en oración.
Vi una gota de rocío brillar, sin temer el peligro;
Pero pronto consumida, desapareció, rara joya resplandeciente como el sol.
Vi a los hombres, apiñados unos junto a otros, construir nuevas ciudades y nuevos castillos;
Y a hormigas pululantes amontonar montículos de víveres reunidos para el invierno.
Vi al caballo de guerra encabritarse y pisotear el grano dorado;
Y todos sus cascos quedaron enrojecidos con la sangre de la desesperación amorosa.
Vi al invierno tejer con copos un sudario de muerte;
Y la primavera encontró a la tierra de luto, desnuda, sola y despojada.
Oí zumbar el telar del tiempo, tejiendo el velo oscurecido del sol;
Vi a un gusano tejer su propia guarida en los hilos de la vida.
Vi al más grande convertirse en el más pequeño, y al más pequeño, en el más grande;
Pues Dios había impreso Su semejanza en todas las cosas que existieron.
Y, sentada en la sombra, a una pareja de tórtolas arrullar.
Vi a las nubes correr en tropel, salvajes, por encima de los cielos;
Y a los corderitos reunirse, graciosos, muy cerca del Pastor.
Oí a las estrellas preguntar: ¿Cuándo nos elevaremos de nuevo?
Y a los brotes, replegados en sus semillas, suspirar: ¿Se preocupa el Amor por nosotros?
Vi a una brizna de hierba florecer por la mañana y marchitarse por la noche;
Mientras los cedros desafiaban durante mil años las tempestades desatadas.
Vi las olas del viejo océano, coronadas de espuma como reyes,
Y luego, apartadas de las rocas, caer como penitentes en oración.
Vi una gota de rocío brillar, sin temer el peligro;
Pero pronto consumida, desapareció, rara joya resplandeciente como el sol.
Vi a los hombres, apiñados unos junto a otros, construir nuevas ciudades y nuevos castillos;
Y a hormigas pululantes amontonar montículos de víveres reunidos para el invierno.
Vi al caballo de guerra encabritarse y pisotear el grano dorado;
Y todos sus cascos quedaron enrojecidos con la sangre de la desesperación amorosa.
Vi al invierno tejer con copos un sudario de muerte;
Y la primavera encontró a la tierra de luto, desnuda, sola y despojada.
Oí zumbar el telar del tiempo, tejiendo el velo oscurecido del sol;
Vi a un gusano tejer su propia guarida en los hilos de la vida.
Vi al más grande convertirse en el más pequeño, y al más pequeño, en el más grande;
Pues Dios había impreso Su semejanza en todas las cosas que existieron.