Cuando llegaron cien mil generaciones (representadas por estos pájaros), fuera del tiempo anterior y posterior, estos pájaros mortales se entregaron espontáneamente a un aniquilamiento total; y cuando todos estos pájaros que estaban fuera de sí volvieron en sí, alcanzaron la inmortalidad después del aniquilamiento. Ningún hombre, ni joven ni viejo, pudo hablar debidamente de la muerte ni de la inmortalidad. Así como estas cosas están lejos de tu vista, su descripción está más allá de toda explicación y de toda definición. Pero mis lectores quieren, al menos, la explicación alegórica de la inmortalidad que sucede al aniquilamiento. ¿Cómo satisfacerlos? Habría que escribir sobre este tema un libro nuevo.
Mientras estás en la existencia o en la nada, ¿cómo podrías poner el pie en este lugar? Pero cuando, ¡oh ignorante!, ya no te detiene en tu camino la existencia ni la nada, entras como en un sueño y ves lo que sucedió al principio y al final; y, conociendo el final, mira qué provecho puedes sacar de él. Se alimenta una semilla en medio de cien honores y cuidados para que llegue a ser un ser inteligente y activo. Se le han enseñado sus propios secretos, se le han dado los conocimientos necesarios; luego ha llegado la muerte, lo ha borrado todo y ha arrojado esa grandeza a la humillación. Ese ser se ha convertido en el polvo del camino y ha sido aniquilado varias veces. Pero, en medio de esa aniquilación, ha aprendido cien secretos que ignoraba. Entonces se le ha concedido la inmortalidad entera, y ha recibido el honor en lugar del envilecimiento que le correspondía. ¿Sabes lo que posees? Entra por fin en ti mismo y reflexiona. Mientras tu alma no esté al servicio del Rey eterno, ¿cómo va a aceptarte aquí? Mientras no halles la humillación de la nada, nunca verás la elevación de la inmortalidad. Primero te arrojan al camino espiritual con envilecimiento, luego te elevan con honor.