Cuando todos los pájaros hubieron escuchado el discurso de la abubilla, inclinaron la cabeza y se les ensangrentó el corazón. Todos comprendieron que aquel arco difícil de tensar no era adecuado para una muñeca impotente. Por eso quedaron muy consternados a causa del discurso de la abubilla, y muchos de ellos murieron incluso en el lugar de su reunión. En cuanto a los demás, se decidieron en ese mismo momento, sin haberse recuperado de su asombro, a ponerse en camino. Viajaron durante años enteros por montes y valles, y gran parte de su vida transcurrió durante ese viaje. ¿Cómo describir debidamente lo que les sucedió en el camino? Habría que recorrerlo uno mismo algún día para echarle un vistazo y ver sus sinuosidades. Entonces se sabría lo que hicieron aquellos pájaros; se conocería todo lo que sufrieron.
Al final, solo un número muy reducido de toda aquella multitud llegó al lugar sublime al que se dirigía. Casi todos aquellos miles de pájaros desaparecieron; solo unos pocos alcanzaron la meta. Unos se hundieron en el Océano; otros fueron aniquilados y desaparecieron. Otros perecieron en la cima de altas montañas, devorados por la sed y presa de toda clase de males; a otros, por efecto del calor del sol, se les quemaron las plumas y se les abrasó el corazón como carne asada; otros fueron tristemente devorados en un instante por los tigres y las panteras del camino; otros murieron de cansancio en el desierto, con los labios secos, agobiados por el calor. Otros se mataron locamente entre sí por un grano; otros padecieron toda clase de sufrimientos y fatigas, y acabaron quedándose por el camino sin poder alcanzar su meta. Otros, atónitos ante la visión de los fenómenos del camino, se detuvieron juntos en el mismo lugar; otros, ocupados únicamente en la curiosidad y el placer, perecieron sin pensar en el objeto de su búsqueda.
Así pues, apenas unos pocos de aquellos miles de pájaros lograron alcanzar la meta. Los pájaros que se habían puesto en camino llenaban el mundo entero, y solo llegaron treinta; además, todos estaban atónitos, sin plumas ni alas, cansados y abatidos, con el corazón roto, el alma desfallecida y el cuerpo maltrecho; pero vieron aquella majestad indescriptible, cuya esencia es incomprensible, aquel Ser que está por encima del alcance de la inteligencia humana y de la ciencia. Entonces brilló el relámpago de la satisfacción, y cien mundos ardieron en un instante. Vieron reunidos miles de soles, cada uno más resplandeciente que el anterior; miles de lunas y estrellas, todas igualmente hermosas; vieron todo aquello y quedaron asombrados; se agitaron como un átomo vacilante y exclamaron: «¡Oh Tú, que eres maravilloso como el sol! Tú, cuya majestad lo aniquila como a un simple átomo, ¿cómo podemos presentarnos aquí? ¡Ah! ¿Por qué soportamos en vano tantas penas en el camino? Renunciamos por completo a nosotros mismos, y ahora no podemos obtener lo que esperábamos. Aquí cien esferas no son más que un átomo de polvo; aquí poco importa que existamos o que dejemos de existir».
Entonces todos estos pájaros, que ya estaban abatidos y semejantes al gallo medio muerto, fueron aniquilados y reducidos a nada, hasta que llegó un momento oportuno. Finalmente, en ese momento propicio, llegó de repente un noble chambelán de entre los grandes oficiales de la Majestad suprema. Vio que, de la gran cantidad de pájaros que habían emprendido el viaje, solo quedaban treinta, envejecidos, sin plumas ni alas, abatidos y con el cuerpo en el estado más lamentable, sin cabeza ni patas; qué digo, sin cuerpo.
¡Oh, pájaros!, les dijo, ¿de dónde vienen, por qué se han detenido aquí? ¿Cuál es su nombre? ¡Oh, ustedes, despojados de todo! ¿Cuál es el lugar donde suelen residir? ¿Cómo los llaman en el mundo, y qué se puede hacer con un puñado impotente de tierra como ustedes?
«Hemos venido aquí —respondieron— para reconocer al Simorg como nuestro rey. El amor que sentimos por Él ha turbado nuestra razón. Por Él hemos perdido el juicio y el descanso. Hace mucho que emprendimos nuestro viaje. Entonces éramos miles, y solo treinta de nosotros han llegado a esta corte sublime. Hemos venido desde muy lejos, con la esperanza de acercarnos a esta Majestad suprema. ¿Cómo podría este rey desdeñar las penas que hemos padecido? ¡Ah, no! Sin duda acabará mirándonos con benevolencia».
¡Oh, pájaros!, les dijo, ¿de dónde vienen, por qué se han detenido aquí? ¿Cuál es su nombre? ¡Oh, ustedes, despojados de todo! ¿Cuál es el lugar donde suelen residir? ¿Cómo los llaman en el mundo, y qué se puede hacer con un puñado impotente de tierra como ustedes?
«Hemos venido aquí —respondieron— para reconocer al Simorg como nuestro rey. El amor que sentimos por Él ha turbado nuestra razón. Por Él hemos perdido el juicio y el descanso. Hace mucho que emprendimos nuestro viaje. Entonces éramos miles, y solo treinta de nosotros han llegado a esta corte sublime. Hemos venido desde muy lejos, con la esperanza de acercarnos a esta Majestad suprema. ¿Cómo podría este rey desdeñar las penas que hemos padecido? ¡Ah, no! Sin duda acabará mirándonos con benevolencia».
«¡Oh, ustedes que tienen la cabeza perturbada! —les respondió el chambelán—, ustedes que se han bañado en la sangre de su corazón como la rosa, estén o no estén en el universo, el rey no deja por ello de existir eternamente. Miles de mundos llenos de criaturas son como una hormiga a la puerta de este rey. No tienen más que gemidos que hacer oír. ¡Regresen, pues, atrás, vil puñado de tierra!»
Todos esos pájaros quedaron tan desesperados por aquel discurso que se quedaron inmóviles de estupor. Sin embargo, dijeron: «¿Nos rechazará ignominiosamente este gran rey en el camino? Pero ¿puede haber ignominia de su parte hacia alguien y, si la hay, no se transforma en honor?»
Majnoun dijo una vez: «Si todos los habitantes de la tierra celebraran continuamente mis alabanzas, no querría aceptarlas de nadie; en este sentido, me bastan los insultos de Laïla. En efecto, uno de sus insultos vale más para mí que cien cumplidos de otra persona. Prefiero su nombre al reino de los dos mundos».
Todos esos pájaros quedaron tan desesperados por aquel discurso que se quedaron inmóviles de estupor. Sin embargo, dijeron: «¿Nos rechazará ignominiosamente este gran rey en el camino? Pero ¿puede haber ignominia de su parte hacia alguien y, si la hay, no se transforma en honor?»
Majnoun dijo una vez: «Si todos los habitantes de la tierra celebraran continuamente mis alabanzas, no querría aceptarlas de nadie; en este sentido, me bastan los insultos de Laïla. En efecto, uno de sus insultos vale más para mí que cien cumplidos de otra persona. Prefiero su nombre al reino de los dos mundos».
« Te he dicho, querido mío, lo que pienso. Si tiene lugar la humillación, ¿qué mal resultará de ello? »
« El relámpago de la gloria se manifiesta —añadió el chambelán— y arrebata la razón de todas las almas. ¿Qué ventaja hay en que el alma sea abrasada por cien dolores? ¿Qué ventaja hay en este instante en la grandeza o en la bajeza? »
Esos pájaros, inflamados de amor, dijeron además: « Nuestras almas son devoradas por el fuego. ¿Cómo podrá salvarse la mariposa del fuego, si este le agrada como morada? En cuanto a nosotros, queremos ser aniquilados por el fuego. Si el amigo que buscamos no nos concede su unión, y si actualmente no podemos acceder a la presencia de aquel que desea nuestro corazón, no podríamos, sin embargo, informarnos en otra parte del camino que ha de conducirnos hasta él. »
« El relámpago de la gloria se manifiesta —añadió el chambelán— y arrebata la razón de todas las almas. ¿Qué ventaja hay en que el alma sea abrasada por cien dolores? ¿Qué ventaja hay en este instante en la grandeza o en la bajeza? »
Esos pájaros, inflamados de amor, dijeron además: « Nuestras almas son devoradas por el fuego. ¿Cómo podrá salvarse la mariposa del fuego, si este le agrada como morada? En cuanto a nosotros, queremos ser aniquilados por el fuego. Si el amigo que buscamos no nos concede su unión, y si actualmente no podemos acceder a la presencia de aquel que desea nuestro corazón, no podríamos, sin embargo, informarnos en otra parte del camino que ha de conducirnos hasta él. »
FIN DE LA HISTORIA DE LOS PÁJAROS.
Todos los pájaros del mundo quisieron esclarecer la historia de la mariposa. «¡Oh, débil insecto! —le dijeron—, ¿hasta cuándo jugarás con tu noble vida? Puesto que tu unión con la vela no puede realizarse, no entregues insensatamente tu vida por algo imposible».
La mariposa, turbada y afligida por este discurso, respondió: «Aprecio lo que me dicen, pero mi corazón está cautivo para siempre. Si no consigo llegar hasta la vela, al menos le pediré lo que necesito».
Todos los hombres se han adentrado en el amor del Ser por excelencia, y así se han sumido por completo en la pena que de ello resulta.
Aunque la satisfacción había superado todo límite, hubo una nueva manifestación de la gracia celestial.
El chambelán de la gracia vino a abrirles la puerta y luego descorrió otros cien velos, uno tras otro. Entonces, un mundo nuevo se presentó sin velo ante aquellos pájaros: la luz más viva iluminó aquella manifestación. Todos se sentaron en el masnad de la proximidad, en el escaño de la majestad y de la gloria. Pusieron ante ellos un escrito y les dijeron que lo leyeran hasta el final. Y aquel escrito debía darles a conocer, por medio de una alegoría, su estado desolado.
Todos los pájaros del mundo quisieron esclarecer la historia de la mariposa. «¡Oh, débil insecto! —le dijeron—, ¿hasta cuándo jugarás con tu noble vida? Puesto que tu unión con la vela no puede realizarse, no entregues insensatamente tu vida por algo imposible».
La mariposa, turbada y afligida por este discurso, respondió: «Aprecio lo que me dicen, pero mi corazón está cautivo para siempre. Si no consigo llegar hasta la vela, al menos le pediré lo que necesito».
Todos los hombres se han adentrado en el amor del Ser por excelencia, y así se han sumido por completo en la pena que de ello resulta.
Aunque la satisfacción había superado todo límite, hubo una nueva manifestación de la gracia celestial.
El chambelán de la gracia vino a abrirles la puerta y luego descorrió otros cien velos, uno tras otro. Entonces, un mundo nuevo se presentó sin velo ante aquellos pájaros: la luz más viva iluminó aquella manifestación. Todos se sentaron en el masnad de la proximidad, en el escaño de la majestad y de la gloria. Pusieron ante ellos un escrito y les dijeron que lo leyeran hasta el final. Y aquel escrito debía darles a conocer, por medio de una alegoría, su estado desolado.
José, reconocido por sus hermanos.
José, a quien adoraban los astros, fue vendido por sus diez hermanos. El egipcio Malik se lo compró a bajo precio; pero quiso obtener de ellos un recibo. Así pues, exigió ese recibo a los hermanos de José en el mismo lugar, e hizo que los diez hermanos certificaran la venta. Cuando un egipcio lo compró a su vez, el fatal recibo cayó en manos
de José. Al final, cuando José fue investido del poder real, sus diez hermanos llegaron a Egipto. No lo reconocieron y se prosternaron ante Él. Se ofrecieron como esclavos para obtener los medios para subsistir; renunciaron al agua (el honor) para tener pan. José, el verídico, les dijo entonces: «¡Oh, hombres! Tengo en mi poder un escrito en lengua hebrea. Nadie sabe leerlo; si pueden descifrarlo, les daré mucho oro». Todos leían, en efecto, el hebreo, y respondieron, contentos y presurosos: «Señor, muéstrenos ese escrito».
José, a quien adoraban los astros, fue vendido por sus diez hermanos. El egipcio Malik se lo compró a bajo precio; pero quiso obtener de ellos un recibo. Así pues, exigió ese recibo a los hermanos de José en el mismo lugar, e hizo que los diez hermanos certificaran la venta. Cuando un egipcio lo compró a su vez, el fatal recibo cayó en manos
de José. Al final, cuando José fue investido del poder real, sus diez hermanos llegaron a Egipto. No lo reconocieron y se prosternaron ante Él. Se ofrecieron como esclavos para obtener los medios para subsistir; renunciaron al agua (el honor) para tener pan. José, el verídico, les dijo entonces: «¡Oh, hombres! Tengo en mi poder un escrito en lengua hebrea. Nadie sabe leerlo; si pueden descifrarlo, les daré mucho oro». Todos leían, en efecto, el hebreo, y respondieron, contentos y presurosos: «Señor, muéstrenos ese escrito».
¡Qué ciego está en su espíritu quien, por orgullo, no reconocerá allí su propia historia en relación con Dios!
José les entregó entonces su propio escrito, y enseguida un temblor convulsivo se apoderó de sus cuerpos. No pudieron leer una sola línea de aquel escrito ni descifrar el menor detalle. Todos quedaron sumidos en el dolor y la aflicción, preocupados por el asunto de José. Su lengua enmudeció de repente, y su alma se vio atormentada por aquel penoso incidente.
«Parecen desconcertados —les dijo José—; ¿por qué permanecen mudos cuando se trata de leer este escrito?»
«Preferimos que nos den muerte ahora mismo —respondieron todos a una— antes que leer este escrito y que después nos corten la cabeza».
Así, cuando los treinta pájaros demacrados hubieron leído el contenido del escrito que les habían entregado para su instrucción, encontraron allí consignado por completo todo lo que habían hecho.
José les entregó entonces su propio escrito, y enseguida un temblor convulsivo se apoderó de sus cuerpos. No pudieron leer una sola línea de aquel escrito ni descifrar el menor detalle. Todos quedaron sumidos en el dolor y la aflicción, preocupados por el asunto de José. Su lengua enmudeció de repente, y su alma se vio atormentada por aquel penoso incidente.
«Parecen desconcertados —les dijo José—; ¿por qué permanecen mudos cuando se trata de leer este escrito?»
«Preferimos que nos den muerte ahora mismo —respondieron todos a una— antes que leer este escrito y que después nos corten la cabeza».
Así, cuando los treinta pájaros demacrados hubieron leído el contenido del escrito que les habían entregado para su instrucción, encontraron allí consignado por completo todo lo que habían hecho.
En efecto, fue muy duro para los hermanos de José, entonces esclavos, tener que contemplar aquel escrito. Habían partido y habían hecho un largo viaje para volver a encontrar a aquel José a quien habían arrojado al pozo. Habían abrasado en la ignominia el alma de José, y ahora lo veían resplandecer en una posición eminente.
¿No sabes, pues, oh insignificante faquir, que vendes un José a cada instante? Cuando José sea tu rey y sea el primero y el jefe, acabarás por presentarte ante él como un mendigo hambriento y desnudo.
El alma de aquellos pájaros se aniquiló por completo de miedo y de vergüenza, y su cuerpo, abrasado, quedó como carbón hecho polvo. Cuando quedaron así completamente purificados y libres de toda cosa, todos encontraron una nueva vida en la luz del Simorg. Se convirtieron así en nuevos servidores y volvieron a quedar sumidos en el asombro. Todo lo que habían podido hacer antaño quedó purificado e incluso borrado de su corazón. El sol de la proximidad lanzó sobre ellos sus rayos, y su alma resplandeció con ellos. Entonces, en el reflejo de sus rostros, aquellos treinta pájaros (si morg) mundanos contemplaron el rostro del Simorg espiritual. Se apresuraron a mirar a aquel Simorg y comprobaron que no era otro que si morg. Todos cayeron entonces en el asombro; ignoraban si habían seguido siendo ellos mismos o si habían…
¿No sabes, pues, oh insignificante faquir, que vendes un José a cada instante? Cuando José sea tu rey y sea el primero y el jefe, acabarás por presentarte ante él como un mendigo hambriento y desnudo.
El alma de aquellos pájaros se aniquiló por completo de miedo y de vergüenza, y su cuerpo, abrasado, quedó como carbón hecho polvo. Cuando quedaron así completamente purificados y libres de toda cosa, todos encontraron una nueva vida en la luz del Simorg. Se convirtieron así en nuevos servidores y volvieron a quedar sumidos en el asombro. Todo lo que habían podido hacer antaño quedó purificado e incluso borrado de su corazón. El sol de la proximidad lanzó sobre ellos sus rayos, y su alma resplandeció con ellos. Entonces, en el reflejo de sus rostros, aquellos treinta pájaros (si morg) mundanos contemplaron el rostro del Simorg espiritual. Se apresuraron a mirar a aquel Simorg y comprobaron que no era otro que si morg. Todos cayeron entonces en el asombro; ignoraban si habían seguido siendo ellos mismos o si habían…
Se habían convertido en el Simorg. Al fin se cercioraron de que verdaderamente eran el Simorg y de que el Simorg era realmente los treinta pájaros (si morg). Cuando miraban hacia el Simorg, veían que, en efecto, el Simorg estaba allí, y, si dirigían la mirada hacia sí mismos, veían que ellos mismos eran el Simorg. Por último, si miraban a ambos lados a la vez, se cercioraban de que ellos y el Simorg no formaban en realidad más que un solo ser. Ese único ser era Simorg, y Simorg era ese ser. Nadie en el mundo había oído jamás nada semejante. Entonces todos quedaron sumidos en el asombro y se entregaron a la meditación sin poder meditar. Como no comprendían nada de aquel estado de cosas, interrogaron al Simorg sin servirse de la lengua; le pidieron que les revelara el gran secreto, que les diera la solución del misterio de la pluralidad y la unidad de los seres. Entonces el Simorg les respondió, también sin servirse de la lengua: «El sol de Mi Majestad —dijo— es un espejo; quien llega hasta Él se ve reflejado, ve Su alma y su cuerpo, se ve por entero. Puesto que han venido aquí treinta pájaros, se encuentran como treinta pájaros (si morg) en este espejo. Si vinieran otros cuarenta o cincuenta pájaros, el velo que oculta al Simorg también se levantaría. Aunque han cambiado muchísimo, se ven a ustedes mismos tal como eran antes».
¿Cómo podría llegar hasta Mí el ojo de una criatura? ¿Puede la mirada de la hormiga alcanzar las Pléyades? ¿Se ha visto alguna vez a este insecto levantar un yunque, o a un mosquito agarrar con sus dientes a un elefante? Todo lo que has sabido o visto no es ni lo que has sabido ni lo que has visto, y lo que has dicho o escuchado tampoco es eso. Cuando ustedes atravesaron los valles del camino espiritual, cuando realizaron buenas obras, no actuaron sino por Mi acción, y así pudieron ver el valle de Mi esencia y de Mis perfecciones. Ustedes, que no son más que treinta pájaros, bien pudieron quedar estupefactos, impacientes y asombrados; pero Yo valgo mucho más que treinta pájaros (si morg), pues soy la esencia misma del verdadero Simorg. Aniquílense, pues, en mí gloriosa y deliciosamente, para encontrarse a ustedes mismos en Mí.
Los pájaros se aniquilaron, en efecto, al final y para siempre en el Simorg; la sombra se perdió en el sol, y eso es todo.
He hablado mientras estos pájaros estaban en camino; pero mi discurso ha llegado a un punto en que ya no tiene ni cabeza ni cola; por eso debo terminarlo aquí. El camino sigue abierto, pero ya no hay ni guía ni viajero.
He hablado mientras estos pájaros estaban en camino; pero mi discurso ha llegado a un punto en que ya no tiene ni cabeza ni cola; por eso debo terminarlo aquí. El camino sigue abierto, pero ya no hay ni guía ni viajero.