Un novicio cuyo corazón era puro como el sol vio un día a su maestro en sueños, y le dijo: «Mi corazón está sumido en la sangre por efecto del asombro. Hazme saber en qué posición te encuentras. Desde tu ausencia he encendido la vela de mi corazón; desde que me dejaste, me he consumido de dolor. Vengo aquí a buscar el secreto de mi asombro; dime, pues, cuál es ahora tu posición».
«Más que tú, le respondió el pîr, estoy abatido y asombrado, y me muerdo con los dientes el dorso de la mano. Estoy aquí en el fondo de la prisión y del pozo, mucho más perplejo que tú. Sí, siento cien veces más turbación ante mi destino final que la que sentía en el mundo».
«Más que tú, le respondió el pîr, estoy abatido y asombrado, y me muerdo con los dientes el dorso de la mano. Estoy aquí en el fondo de la prisión y del pozo, mucho más perplejo que tú. Sí, siento cien veces más turbación ante mi destino final que la que sentía en el mundo».