Un profundo sentimiento de amor por Dios se apoderó del jeque de Nasrâbâd, y peregrinó a pie cuarenta veces a La Meca. Cuando sus cabellos encanecieron con la edad, se veía su cuerpo enflaquecido, vestido únicamente con el izâr; pero el calor estaba en su espíritu
«y en su corazón. Se había ceñido el zunnar y tenía la mano abierta. Entonces dio, sin pretensión ni jactancia, la vuelta al templo del fuego de los guèbres. Le dijeron: «¡Oh, gran personaje de nuestro tiempo! ¿No te avergüenza actuar así? Después de haber hecho tantas peregrinaciones y tantas obras excelentes, ¿todo ello habría de desembocar acaso en la infidelidad? Tal acto se debe a tu inexperiencia; pero, por tu causa, los espiritualistas tendrán mala fama. «¿Quién es, pues, este jeque (dirán) que está junto a este camino?». ¿No sabes, acaso, que esto es un templo del fuego?».
«y en su corazón. Se había ceñido el zunnar y tenía la mano abierta. Entonces dio, sin pretensión ni jactancia, la vuelta al templo del fuego de los guèbres. Le dijeron: «¡Oh, gran personaje de nuestro tiempo! ¿No te avergüenza actuar así? Después de haber hecho tantas peregrinaciones y tantas obras excelentes, ¿todo ello habría de desembocar acaso en la infidelidad? Tal acto se debe a tu inexperiencia; pero, por tu causa, los espiritualistas tendrán mala fama. «¿Quién es, pues, este jeque (dirán) que está junto a este camino?». ¿No sabes, acaso, que esto es un templo del fuego?».
«Mi situación, respondió el jeque, se ha vuelto difícil. El fuego está en mi casa y mis muebles se han perdido. Este fuego ha entregado mi cosecha al viento; ha entregado al viento de la destrucción mi nombre y mi honor. Me he vuelto loco; no sé qué estratagema emplear ahora. Cuando un fuego así llega a mi alma, ¿cómo podrán resistirlo mi cuerpo y mi honor? Y mientras esté absorbido por tales pensamientos, también sentiré aversión por el pyrée y la caaba. Si el asombro (espiritual) se apodera de ti siquiera un poco, cien aflicciones te asaltarán, como me asaltan a mí.»