Después del sexto valle viene el del despojamiento y la muerte, valle del que es imposible hacer una descripción exacta. Lo que puede considerarse como la esencia de este valle es el olvido, el mutismo, la sordera y el desvanecimiento. Allí ves desaparecer, con un solo rayo del sol espiritual, las miles de sombras eternas.
Cuando el océano de la inmensidad agita sus olas, ¿cómo podrían subsistir en él las figuras trazadas sobre su superficie? Ahora bien, las figuras que se ven en ese océano no son otra cosa que el mundo presente y el mundo futuro, y quien declara que no existen adquiere con ello un gran mérito. Aquel cuyo corazón se ha perdido en ese océano queda perdido allí para siempre y permanece en reposo. En ese mar apacible no encuentra otra cosa que la aniquilación. Si alguna vez se le permite regresar de esa aniquilación, conocerá qué es la creación y se le revelarán muchos secretos. Cuando los viajeros experimentados del camino espiritual y los hombres de acción entraron en el dominio del amor, se extraviaron desde el primer paso; entonces, ¿de qué les sirvió haberse aventurado allí, si ninguno de ellos pudo dar el segundo paso? Ahora bien, puesto que todos se extraviaron desde el primer paso, se los puede considerar como pertenecientes al reino mineral, aunque sean hombres. La madera de áloe y la leña, al ser puestas en el fuego, se reducen ambas por igual a cenizas. En efecto, bajo dos formas no son más que una misma cosa y, sin embargo, sus cualidades son muy distintas. Por más que un objeto inmundo caiga en un océano de agua de rosas, seguirá siendo vil a causa de sus propias cualidades. Pero si algo puro cae en ese océano, perderá su existencia particular, participará de la agitación de las olas de ese océano; al dejar de existir de manera aislada, será hermoso en adelante. Existe y no existe. ¿Cómo puede suceder eso? Al entendimiento le es imposible concebirlo.
El amante de Tôs, ese océano de secretos espirituales, le dijo un día a uno de sus discípulos: «Fúndete sin cesar por efecto del amor, hasta que seas tan fino como un cabello. Cuando seas tan fino como un cabello, te convendrá estar entre los cabellos de tu amiga. En efecto, quien sea tan fino como un cabello ante su vista se convertirá, sin duda, en un cabello de su cabellera. Si tienes los ojos puestos en la vía espiritual y eres clarividente, contempla también esta vía en detalle.»
Quien ha abandonado el mundo para seguir este camino encuentra la muerte y, después de la muerte, la inmortalidad. Si, ¡oh corazón mío!, estás patas arriba, cruza el puente Sirât y el fuego ardiente; no te entregues a la pena, pues el aceite de la lámpara, al arder, produce un humo negro como un viejo cuervo; pero, cuando el fuego ha consumido el aceite, este deja de tener su existencia grosera. Si atraviesa un fuego ardiente, se volverá como el cuerpo inmaterial del Corán. Si quieres llegar a este lugar y alcanzar este elevado sitio, despréndete primero de ti mismo y luego haz surgir de la nada otro Borde. Revístete con el manto de la nada y bebe de la copa de la aniquilación; después, cubre tu pecho con el amor de la pequeñez y ponte en la cabeza el manto de la inexistencia. Pon el pie en el estribo de la renuncia absoluta y dirige resueltamente tu corcel inútil hacia el lugar donde no hay nada. En el centro y fuera del centro, arriba, abajo, en la unidad, ciñe tus riñones con el cinturón de la nada. Abre los ojos y mira; ponte colirio azul en los ojos. Si quieres perderte, lo estarás en un instante y luego lo estarás de una segunda manera; pero sigue caminando tranquilamente hasta llegar al reino de la aniquilación. Si posees el extremo de un cabello de este mundo, no tendrás noticia alguna de aquel mundo. Si te queda el menor egoísmo, los siete océanos estarán llenos de desgracias para ti.