Otro pájaro dijo a la abubilla: «¡Oh, tú que quieres conducirnos ante la majestad desconocida! ¿Qué es lo más apreciado en esa corte? Si nos lo indicas, llevaremos lo que allí se prefiere. Los reyes necesitan dones preciosos; solo la gente vil se permite presentarse ante ellos con las manos vacías».
«¡Oh, tú que me interrogas! —respondió la abubilla—, si quieres seguir mi consejo, llevarás al país del Simorg lo que no se encuentra allí. ¿Acaso es conveniente llevar desde aquí lo que ya se encuentra allí? Allí está el conocimiento; allí están los secretos; allí abunda la obediencia pasiva de los seres espirituales. Lleva allí, pues, el ardor del alma y la pena del espíritu, porque nadie debe dar allí otra cosa. Si un solo suspiro de amor llega a ese lugar, llevará consigo el perfume del corazón. Ese lugar está consagrado a la esencia del alma y no a su vil envoltura. Si el hombre puede exhalar allí un suspiro, estará inmediatamente en posesión de la salvación».
«¡Oh, tú que me interrogas! —respondió la abubilla—, si quieres seguir mi consejo, llevarás al país del Simorg lo que no se encuentra allí. ¿Acaso es conveniente llevar desde aquí lo que ya se encuentra allí? Allí está el conocimiento; allí están los secretos; allí abunda la obediencia pasiva de los seres espirituales. Lleva allí, pues, el ardor del alma y la pena del espíritu, porque nadie debe dar allí otra cosa. Si un solo suspiro de amor llega a ese lugar, llevará consigo el perfume del corazón. Ese lugar está consagrado a la esencia del alma y no a su vil envoltura. Si el hombre puede exhalar allí un suspiro, estará inmediatamente en posesión de la salvación».