Otro pájaro le dijo a la abubilla: «Dime, tú que has adquirido fama, cómo debo hacer para disfrutar del contentamiento en este viaje. Si me lo dices, disminuirá mi inquietud y aceptaré dejarme guiar en esta empresa. En efecto, el hombre necesita una guía para este viaje lejano, a fin de no sentir temor por el camino que debe recorrer. Puesto que no quiero aceptar la guía del mundo invisible, rechazo, con mayor razón, la falsa guía de las criaturas».
«Mientras vivas —respondió la abubilla—, conténtate con el recuerdo de Dios y guárdate de todo hablador indiscreto. Si tu alma posee este contentamiento, sus preocupaciones y sus penas se desvanecerán. Tal es, en los dos mundos, la virtud del contentamiento para los hombres. Por él se mueve la cúpula del cielo. Permanece en Dios con contentamiento, gira como el cielo por amor a Él. Si conoces algo mejor, dilo, ¡oh pobre pájaro!, para que seas feliz al menos por un instante».
«Mientras vivas —respondió la abubilla—, conténtate con el recuerdo de Dios y guárdate de todo hablador indiscreto. Si tu alma posee este contentamiento, sus preocupaciones y sus penas se desvanecerán. Tal es, en los dos mundos, la virtud del contentamiento para los hombres. Por él se mueve la cúpula del cielo. Permanece en Dios con contentamiento, gira como el cielo por amor a Él. Si conoces algo mejor, dilo, ¡oh pobre pájaro!, para que seas feliz al menos por un instante».