Ahmad Hambal era el imán de su siglo; su mérito está por encima de todo elogio. Cuando quería descansar de su ciencia y de su dignidad, iba a ver a un hombre que andaba descalzo. Alguien, al verlo ante aquel hombre descalzo, empezó a censurarlo y acabó diciéndole: «Tú eres el imán del mundo, ningún hombre ha sido más sabio que tú, hasta el punto de que no te sometes a la opinión de nadie; y, sin embargo, vas a ver a ese hombre descalzo y con la cabeza descubierta».
¡Oh, tú, a quien tu injusticia vuelve ignorante! Admira al menos un instante la integridad de quienes tienen los ojos fijos en la vía espiritual.
¡Oh, tú, a quien tu injusticia vuelve ignorante! Admira al menos un instante la integridad de quienes tienen los ojos fijos en la vía espiritual.