El jeque Gauri, que se había identificado por completo con Dios, fue un día bajo un puente con unos locos (de amor a Dios). Sanjar, que pasaba por allí por casualidad con gran pompa, le dijo: «¿Quiénes son los individuos que están bajo este puente?». El jeque respondió: «Son personas que no tienen ni cabeza ni pies, y el estado de todos nosotros no puede ser distinto. Si quieres ser siempre nuestro amigo, te apartaremos pronta y totalmente del mundo. Si, por el contrario, eres nuestro enemigo y no nuestro amigo, te apartaremos pronto de la religión. Mira, pues, cuál es nuestra amistad y cuál nuestra enemistad. Da un paso adelante, y serás deshonrado como nosotros. Si vienes un instante bajo el puente, quedarás libre del vano esplendor que te rodea y de
Sanjar le respondió: «No soy hombre suyo; no merezco ni su amistad ni su odio. No soy ni su amigo ni su enemigo; me alejo para que mi cosecha no se queme*. No recibo de usted ni honor ni deshonra; nada tengo que ver ni con el bien que usted pueda hacer ni con el mal que pueda hacer. La ambición llegó como un ave de ala veloz, cada vez más rápida en su carrera; pero, si esa ave se deja arrastrar por su vuelo, ¿cómo podrá recibir la atracción divina? ¿Cómo llegará al secreto de su creación? Su marcha debe ir más allá de los horizontes de la existencia, pues está a la vez por encima de la razón y de la embriaguez.»