El santo del Turquestán dijo un día, hablando de sí mismo: «Amo dos cosas, a saber: a mi hijo y a mi caballo pío. Si llegara a recibir la noticia de la muerte de mi hijo, regalaría mi caballo en acción de gracias, porque estas dos cosas son como dos ídolos para mi querida alma».
Mientras no te consumas como la vela, no presumas ante la asamblea de la sinceridad de tu amor. Quien se jacta de esa sinceridad debe renunciar por completo a sus intereses temporales. El hombre sincero que come su pan con avidez recibe por ello mismo su recompensa.
Mientras no te consumas como la vela, no presumas ante la asamblea de la sinceridad de tu amor. Quien se jacta de esa sinceridad debe renunciar por completo a sus intereses temporales. El hombre sincero que come su pan con avidez recibe por ello mismo su recompensa.