Un rey regaló a un esclavo una túnica de honor, y este se puso en camino con ella. Pero, como el polvo del camino le ensució el rostro, se apresuró a limpiarlo con la manga de su túnica. Un envidioso no dejó de informar al rey del uso que aquel esclavo había hecho de su túnica de honor. El rey, indignado por aquel olvido de las conveniencias, hizo empalar de inmediato a aquel insensato.
Sabe por esto que quien se deshonra con procedimientos groseros carece de valor en la alfombra del rey.
Sabe por esto que quien se deshonra con procedimientos groseros carece de valor en la alfombra del rey.