El jeque Khircâni habló así, ¡cosa asombrosa!, en el último instante de su vida, cuando su alma estaba en sus labios, a punto de escapar: «¡Pluguiera a Dios que me abrieran el cuerpo y me arrancaran el corazón abrasado, y luego mostraran mi corazón a los hombres y les explicaran en qué consisten mis dificultades, para que supieran que la adoración de los ídolos no conviene a quien conoce los secretos espirituales! No actúes, pues, con doblez: en esto consiste el servicio de Dios; lo demás es concupiscencia. Este servicio consiste en la entrega, sábelo bien, ¡oh, siervo inútil! Pero te pones
«en el lugar de Dios, muy lejos de servirlo; ¿cómo podrías entregarte a Él? Entrégate a Ti mismo, y entonces serás un verdadero siervo; sé un siervo entregado y vive. Puesto que quieres ser esclavo de Dios, entrégate a Su servicio, sé ambicioso en la senda del honor. Si el siervo se deshonra en su camino, el soberano lo apartará enseguida de su alfombra real. El santuario está vedado al hombre sin honor; pero si tienes honor, ciertamente obtendrás el favor de ser admitido allí».
«en el lugar de Dios, muy lejos de servirlo; ¿cómo podrías entregarte a Él? Entrégate a Ti mismo, y entonces serás un verdadero siervo; sé un siervo entregado y vive. Puesto que quieres ser esclavo de Dios, entrégate a Su servicio, sé ambicioso en la senda del honor. Si el siervo se deshonra en su camino, el soberano lo apartará enseguida de su alfombra real. El santuario está vedado al hombre sin honor; pero si tienes honor, ciertamente obtendrás el favor de ser admitido allí».