Un hombre de elevados pensamientos y con la mirada fija en la vía espiritual nunca aceptaba beber de manos de nadie. Alguien le dijo: «¡Oh, tú que estás en relación con Dios! ¿Por qué nunca quieres aceptar de beber?». —«Es —respondió— que veo de pie, ante mí, a la muerte, dispuesta a apoderarse cuanto antes de la bebida que aceptaría. Con semejante perspectiva, la bebida que tomara sería veneno para mí. En tales circunstancias, ¿cómo puede ser agradable una bebida? No sería para mí solamente una medicina, sino…»
Lo que solo tiene un instante de estabilidad no vale medio dírham, aunque fuera el universo mismo. ¿Cómo confiar en algo que dura tan poco y que incluso es pura nada? Si te anima una noble ambición, deja de complacerte en el deseo de un instante de placer y, cuando tu estado se vea oscurecido por la negligencia, no te quejes si solo dura un instante. Tu pena y tu aflicción son gloriosas, no degradantes. Los sufrimientos que soportaron los profetas no son nada en comparación con Karbala. Lo que por fuera pareció una pena es en realidad un tesoro para quien ve. Cien favores te llegan a cada instante; el mundo entero está lleno para ti de beneficios celestiales. Sin embargo, no recuerdas esos beneficios, no les prestas atención. ¿Dónde está la señal de tu amor? De la cabeza a los pies no eres más que una piel que envuelve un cerebro oscuro.