Otro pájaro dijo a la abubilla: «¡Oh, tú, cuya fe es sincera! No tengo ni un soplo de buena voluntad. He pasado toda mi vida en la tristeza, deseoso de la bola del mundo. Hay tanta tristeza en mi corazón lleno de sangre que está de duelo sin cesar. Siempre he estado en la estupefacción y la impotencia, y, cuando he estado contento, he sido incrédulo. A causa de toda esta tristeza, me he convertido en derviche y vacilo cuando entro en la senda espiritual. Si no estuviera tan triste, mi corazón se sentiría encantado con este viaje; pero, como mi corazón está lleno de sangre, ¿qué haré? Te he expuesto mi estado, ¿qué debo hacer ahora?»
«¡A ti, a quien el orgullo ha vuelto insensato!, respondió la abubilla, tú, que estás completamente sumido en la locura, por mucho que te agites, la indiferencia hacia las cosas espirituales y el amor al mundo pasan en un instante. Puesto que el mundo pasa, pasa tú mismo más allá, abandónalo y ni siquiera lo mires; pues quien ata su corazón a lo pasajero no participa de la vida espiritual.»
«¡A ti, a quien el orgullo ha vuelto insensato!, respondió la abubilla, tú, que estás completamente sumido en la locura, por mucho que te agites, la indiferencia hacia las cosas espirituales y el amor al mundo pasan en un instante. Puesto que el mundo pasa, pasa tú mismo más allá, abandónalo y ni siquiera lo mires; pues quien ata su corazón a lo pasajero no participa de la vida espiritual.»