Un desdichado llegó, después de mucho caminar, a un lugar desierto, junto a un derviche, y le dijo: «¡Oh, derviche! ¿Cómo van tus asuntos?» El devoto respondió: «¿No te avergüenzas de hacerme semejante pregunta? Deberías sonrojarte. Me he quedado en este mundo, que ahora me resulta muy estrecho y en el que me siento agobiado.» Su interlocutor replicó: «No dices la verdad; ¿cómo puedes sentirte agobiado en este vasto desierto?» —«Si este lugar no fuera estrecho —respondió el derviche—, ¿acaso me habrías encontrado?»
Por muchas promesas que te hagan, de este lado nunca te darán otra señal que el fuego; y ¿qué es para ti ese fuego, sino el mundo? Aléjate, pues, de él y, como los leones, cuídate de acercarte. Cuando hayas pasado al otro lado, tu corazón volverá a ti y llegarás al palacio del contentamiento. Delante hay un fuego, y el camino es muy largo: el cuerpo es débil, el corazón es esclavo y el alma siente aprensión. En cuanto a ti, deshazte de todo y sé libre en todo sentido; ocúpate de una sola cosa. Cuanto más hayas visto el mundo, más debes apartar de él tu alma, pues no posees ni el nombre del mundo ni su rastro. Cualquier cosa que hayas visto, no has visto nada; diga yo lo que diga, no te conmuevas.
Por muchas promesas que te hagan, de este lado nunca te darán otra señal que el fuego; y ¿qué es para ti ese fuego, sino el mundo? Aléjate, pues, de él y, como los leones, cuídate de acercarte. Cuando hayas pasado al otro lado, tu corazón volverá a ti y llegarás al palacio del contentamiento. Delante hay un fuego, y el camino es muy largo: el cuerpo es débil, el corazón es esclavo y el alma siente aprensión. En cuanto a ti, deshazte de todo y sé libre en todo sentido; ocúpate de una sola cosa. Cuanto más hayas visto el mundo, más debes apartar de él tu alma, pues no posees ni el nombre del mundo ni su rastro. Cualquier cosa que hayas visto, no has visto nada; diga yo lo que diga, no te conmuevas.