Schablis desapareció durante algún tiempo de Bagdad, y nadie sabía dónde encontrarlo. Lo buscaron en muchos lugares, y alguien terminó por descubrirlo en una casa de eunucos. Estaba sentado allí, con los ojos húmedos y los labios secos, en medio de aquella gente grosera. «¡Oh, tú que estudias los secretos divinos! —le dijeron—, ¿es este realmente tu lugar?». Respondió: «Esta gente, al igual que el libertino en la senda de la religión, no es ni hombre ni mujer. Yo soy como ellos, pues en la senda de la religión no hay ni hombre ni mujer».
Me he perdido en mi inercia y me avergüenzo de mi virilidad. Quien vuelve inteligente su alma hace de su herida un mantel para la mesa del camino (que conduce a Dios). Ese ha preferido la humillación, como los hombres de la vía espiritual; ha colmado de honores a los desdichados que han fracasado. Si quieres exhibirte aunque sea un poco ante las miradas, ¿serás mejor que un ídolo? Si se hace una diferencia entre la alabanza y la censura, se es fabricante de ídolos. Si de verdad eres servidor de Dios, no seas fabricante de ídolos. Si eres un hombre de Dios, no seas Azur. Ni en las clases altas ni en las bajas hay un rango por encima del servicio (de Dios). Dedícate a este deber y no pretendas nada más; sé un hombre de Dios, no busques tu gloria en otra parte. Cuando escondes cien ídolos bajo tu manto, ¿por qué hacerte el tonto ante los hombres? Tú, que eres eunuco, no lleves el atuendo de los hombres de la vía espiritual, o abandona de una vez tu frivolidad.
DISPUTA DE DOS SUFÍES.
Dos individuos cubiertos con el sayal de la penitencia disputaron y se insultaron ante el tribunal. El juez los apartó a un rincón diciéndoles: «No es conveniente que los sufíes disputen. Han puesto sobre su pecho la túnica de la resignación, ¿por qué se les ha metido en la cabeza querellarse? Si son gente de combate y venganza, quítense de encima este vestido. Si, por el contrario, son dignos de este vestido, renuncien a esta discusión insensata. Yo, que soy juez y no hombre de entendimiento espiritual, siento verdadera vergüenza por el sayal que llevan. Es mejor que se conformen con mantener su diferencia de opinión antes que disputar llevando un sayal».
Puesto que no eres ni hombre ni mujer en el asunto del amor, ¿cómo podrás desentrañar sus secretos? Si estás sometido a pruebas en la vía del amor, protégete con la armadura adecuada. Si pretendes dirigirte a ese lugar, deberás entregar tu cabeza al viento y abandonar tu vida. De ahora en adelante, no levantes la cabeza con arrogancia, para no verte obligado a someterte de nuevo a la ignominia.
Dos individuos cubiertos con el sayal de la penitencia disputaron y se insultaron ante el tribunal. El juez los apartó a un rincón diciéndoles: «No es conveniente que los sufíes disputen. Han puesto sobre su pecho la túnica de la resignación, ¿por qué se les ha metido en la cabeza querellarse? Si son gente de combate y venganza, quítense de encima este vestido. Si, por el contrario, son dignos de este vestido, renuncien a esta discusión insensata. Yo, que soy juez y no hombre de entendimiento espiritual, siento verdadera vergüenza por el sayal que llevan. Es mejor que se conformen con mantener su diferencia de opinión antes que disputar llevando un sayal».
Puesto que no eres ni hombre ni mujer en el asunto del amor, ¿cómo podrás desentrañar sus secretos? Si estás sometido a pruebas en la vía del amor, protégete con la armadura adecuada. Si pretendes dirigirte a ese lugar, deberás entregar tu cabeza al viento y abandonar tu vida. De ahora en adelante, no levantes la cabeza con arrogancia, para no verte obligado a someterte de nuevo a la ignominia.
Había en Egipto un rey famoso del que un desdichado se enamoró realmente. Cuando esta noticia llegó al rey, hizo venir enseguida a aquel hombre extraviado y le dijo: «Puesto que estás enamorado de mí, elige una de las dos opciones que voy a proponerte: abandonar esta ciudad y este país, o que te corten la cabeza por amor a mí. Te digo tu destino en una palabra; así pues, elige que te corten la cabeza o emigrar». Aquel desdichado no era hombre de acción; prefirió abandonar la ciudad y, fuera de sí, se disponía a partir cuando el rey ordenó que le cortaran la cabeza. Entonces un chambelán dijo: «Es inocente; ¿por qué ha ordenado el rey que le corten la cabeza? —Porque no era un verdadero amante y no era sincero en la senda de mi amor, respondió el rey. En efecto, si hubiera sido hombre de acción, habría preferido que aquí le cortaran la cabeza antes que abandonar el país. Sería un crimen amar a quien prefiere su vida al objeto de su amor. Si hubiera aceptado que le cortaran la cabeza, yo me habría ceñido los riñones con mi cinturón para servirlo y me habría convertido en su derviche. Pero, como solo pretendía amar, era justo hacer que le cortaran la cabeza. Quien, en mi amor, conserva el amor a su cabeza, no tiene un amor verdadero ni puro. He dado esta orden para que ningún hombre sin firme resolución venga a jactarse falsamente de sentir amor por mí».