Cuando todos estos pájaros hubieron escuchado este discurso, descubrieron los antiguos secretos. Reconocieron su vínculo con el Simorg y, naturalmente, sintieron el deseo de emprender el viaje que la abubilla les proponía. Sin embargo, este mismo discurso los hizo vacilar antes de ponerse en camino; todos sintieron la misma inquietud y la expresaron de igual manera. Así pues, le dijeron a la abubilla: «Tú, que eres nuestra guía en este asunto, ¿quieres que abandonemos, para emprender este camino, la vida tranquila de la que disfrutamos, puesto que pájaros débiles como nosotros no pueden esperar encontrar el verdadero camino para llegar al lugar sublime donde mora el Simorg?».
La abubilla respondió entonces, en su calidad de guía: «Quien ama no piensa en su propia vida; si se ama de verdad, hay que renunciar a la vida, tanto si se es asceta como libertino. Puesto que tu espíritu no está de acuerdo con tu alma, sacrifícala, y llegarás al final de tu viaje. Si esa alma te intercepta el camino, apártala; luego mira hacia adelante y contempla. Si te piden que renuncies a la fe, si quieren que renuncies a la vida, renuncia a ambas; deja la fe y sacrifica tu vida. Por más que un ignorante de las cosas espirituales diga que es falso que el amor sea preferible, ya sea a la infidelidad o a la fe, diciendo: “¿Qué relación hay entre la fe, la infidelidad y el amor? ¿Acaso los amantes prestan atención a su vida?” El amante prende fuego a toda clase de cosecha; se clava la sierra en el cuello y se atraviesa el cuerpo. El amor exige dolor y sangre del corazón; al amor le gustan las cosas difíciles.
¡Oh, escanciador! Llena mi copa con la sangre de mi corazón y, si ya no queda, ¡dame las heces que aún queden! El amor es un dolor cruel que todo lo devora. A veces desgarra el velo del alma, a veces lo vuelve a coser. Un átomo de amor es preferible a todo lo que existe entre los horizontes, y un átomo de sus penas vale más que el amor feliz de todos los amantes. El amor es la médula de los seres; pero no existe nada sin dolor verdadero. Quien tiene el pie firme en el amor renuncia diez veces a la religión y a la incredulidad. El amor te abrirá la puerta de la pobreza espiritual, y la pobreza te mostrará el camino de la incredulidad. Cuando ya no te queden ni incredulidad ni religión, tu cuerpo y tu alma desaparecerán; serás digno de estos misterios: en efecto, hay que ser así para penetrarlos. Avanza, pues, sin temor el pie por esta vía, como los hombres espirituales, y renuncia sin vacilar a la fe y a la infidelidad. No dudes, retira tus manos de la infancia, ten más bien para esto el ardor de los valientes; aunque cien vicisitudes cayeran inesperadamente sobre ti, no tendrías nada que temer si sucedieran en la vía de la que se trata.»