Un observador de las cosas espirituales se acercó al Océano y le preguntó por qué vestía de azul; por qué llevaba esa vestidura de duelo y por qué hervía sin fuego.
El Océano respondió así a aquel hombre de espíritu atento:
«Estoy conmovido por la separación de mi amigo. Como, debido a mi insuficiencia, no soy digno de Él, he tomado ropas azules en señal del pesar que siento. En mi turbación, mis labios están secos, y es a causa del fuego de mi amor que experimento esta agitación semejante a la ebullición. Si pudiera encontrar una gota de Su agua celestial del Kauçar, gozaría a Su puerta de la vida eterna. Sin esa gota que busco, moriré de deseo junto con los miles de individuos que perecen día y noche en Su camino.»
El Océano respondió así a aquel hombre de espíritu atento:
«Estoy conmovido por la separación de mi amigo. Como, debido a mi insuficiencia, no soy digno de Él, he tomado ropas azules en señal del pesar que siento. En mi turbación, mis labios están secos, y es a causa del fuego de mi amor que experimento esta agitación semejante a la ebullición. Si pudiera encontrar una gota de Su agua celestial del Kauçar, gozaría a Su puerta de la vida eterna. Sin esa gota que busco, moriré de deseo junto con los miles de individuos que perecen día y noche en Su camino.»