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Catolicismo
Lección 335

Saboreé la dulzura de llorar en Tu presencia por ella y por ella, por mí y por mí.

Extracto

Y poco a poco volvía a mis primeros pensamientos sobre Tu sierva, y, recordando su piadoso amor por Ti, y aquella ternura solícita y santa hacia mí que de pronto me faltaba, saboreé la dulzura de llorar en Tu presencia por ella y por ella, por mí y por mí. Y di rienda suelta a mis lágrimas, hasta entonces contenidas, para que fluyeran a su antojo; y, recostado en aquel lecho de lágrimas, mi corazón halló descanso, escuchado solo por Ti, y no por un hombre, juez orgulloso de mi dolor.

Fuente Confesiones, libro noveno, capítulo XII, §3 · 📖 Leer el pasaje completo

✨ Para meditar hoy

Según san Agustín, que acaba de perder a su madre, santa Mónica, las lágrimas largo tiempo contenidas se vuelven dulces cuando se las deja correr ante Dios: su corazón halla en ellas descanso, porque Dios escucha sin juzgar. Hoy, si una pena o un duelo pesa sobre ti, concédete un momento para depositarlo ante Dios, sin contenerte; y si alguien llora cerca de ti, escúchalo sin juzgarlo.

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