Hoy comenzaremos a insertar algunas de las cosas felices a las que tienes derecho, siendo lo que eres. Hoy no se requieren períodos de práctica largos, pero sí son necesarios otros breves muy frecuentes. Una vez cada diez minutos sería sumamente deseable, y se te insta a intentarlo y a atenerte a este horario siempre que sea posible. Si olvidas, inténtalo de nuevo. Si hay interrupciones largas, inténtalo de nuevo. Siempre que lo recuerdes, inténtalo de nuevo.
No necesitas cerrar los ojos para los períodos de ejercicio, aunque probablemente te resulte más útil hacerlo. Sin embargo, puede que durante el día te encuentres en varias situaciones en las que cerrar los ojos no sería apropiado. No dejes de hacer un período de práctica por esa razón. Puedes practicar muy bien en casi cualquier circunstancia, si realmente quieres.
Los ejercicios de hoy requieren poco tiempo y ningún esfuerzo. Repite la idea de hoy, y luego añade varios de los atributos que asocias con ser un Hijo de Dios, aplicándotelos a ti mismo.
Un período de práctica podría consistir, por ejemplo, en lo siguiente:
Soy bendecido como Hijo de Dios.
Soy feliz, pacífico, amoroso y estoy contento.
Otro podría ser algo como lo siguiente: Soy bendecido como Hijo de Dios.
Estoy en calma, tranquilo, seguro y confiado.
Si sólo se dispone de un período breve, bastará con decirte que eres bendecido como Hijo de Dios.
✨ Resumen y puesta en práctica
Atrévete a reclamar todo el bien que te pertenece como Hijo de Dios.
Hoy empezamos a hacer valer las cosas felices a las que tienes derecho. « Soy bendecido como Hijo de Dios. » Nada de largos períodos de ejercicio, sino períodos muy cortos y muy frecuentes. Uno cada diez minutos sería lo ideal. Si te olvidas, inténtalo de nuevo. Si hay largas interrupciones, inténtalo de nuevo. Cada vez que te acuerdes, inténtalo de nuevo. La perseverancia es la clave.
No necesitas cerrar los ojos, pero puede ayudarte. Si te encuentras en una situación en la que no es posible cerrar los ojos, no te saltes el ejercicio por ello. Puedes hacerlo en cualquier circunstancia si de verdad quieres. Repite la idea, luego añade varias de las cualidades que asocias con ser Hijo de Dios: « Soy feliz, estoy en paz, soy amoroso y estoy satisfecho. » O: « Estoy calmado, tranquilo, seguro y confiado. »
Si solo dispones de unos segundos, basta con decirte que eres bendecido como Hijo de Dios. Es un ejercicio sencillo, sin esfuerzo, accesible en toda circunstancia. No tienes que probar tu valía ni ganarla. Eres bendecido porque eres lo que eres. Cada vez que repites esta idea, despiertas en ti la memoria de tu verdadera identidad, la que nunca se ha perdido.
Puesta en práctica:
Cada diez minutos hoy, repite: « Soy bendecido como Hijo de Dios. » Añade una cualidad positiva que sientas. Si tienes prisa, basta la simple frase. Haz de ello un juego, un recordatorio constante de quién eres realmente.
No tienes nada que merecer: todo ya te ha sido dado. Basta con decir sí.
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