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Lección 364

Este instante santo quiero entregarTe. Encárgate Tú. Pues quiero seguirTe, Cierto de que Tu dirección me da paz.

Encárgate Tú. Pues quiero seguirTe, cierto de que Tu dirección me da paz. Si necesito una palabra que me ayude, Él me la dará.

Si necesito un pensamiento, eso también lo dará Él. Y si solo necesito quietud y una mente tranquila y abierta, estos son los dones que recibiré de Él. Él está al mando por mi petición. Y me oirá y me responderá, porque habla por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.

✨ Resumen y puesta en práctica

Este instante santo a Dios: el abandono que libera.

Una vez más, este instante santo, dáselo a Dios. Deja que Él se haga cargo, pues en Su guía reside tu paz. Cada necesidad que percibes encuentra su respuesta en Él: la palabra justa, el pensamiento iluminado, o simplemente la calma reparadora de una mente que ha dejado de luchar. Está a cargo porque Lo has elegido. Su respuesta es cierta, pues habla por Dios y por el Hijo de Dios, reuniendo en Su voz lo que nunca ha estado separado.

La enseñanza profunda es que este abandono repetido te lleva a un lugar donde se vuelve automático. La cuarta repetición de esta lección no es una redundancia inútil. Cada repetición graba más hondo en tu conciencia la verdad de que no estás solo, de que Dios te guía, de que la paz está disponible. El aprendizaje no es una información; es una transformación. Y la transformación requiere repetición. A fuerza de entregar cada instante a Dios, terminas viviendo en una confianza permanente.

Esta lección es la última de la serie de las repeticiones, y prepara la conclusión del recorrido. Llegas al final de estas 365 lecciones con una práctica integrada. Las lecciones anteriores te dieron todas las herramientas; las últimas lecciones te enseñan a usarlas a cada instante. El abandono a Dios ya no es una técnica; es tu vida. Cada palabra, cada pensamiento, cada silencio viene de Él. Caminas con Dios, y Su paz es tu herencia.

Para vivir esta lección, deja que tu día entero sea una oración viva de abandono. En cada acción, cada palabra, cada pensamiento, deja que Dios sea la fuente. No hagas nada por ti mismo; hazlo todo con Él. Antes de cada decisión, toma un aliento y devuelve ese instante a Dios. Verás que el día se vuelve ligero, fluido, lleno de sincronicidades y de gracias. El abandono no es pasividad; es la acción más elevada, pues es la acción guiada por Dios.

Abandona cada instante a Dios. En este abandono, encontrarás la paz que sobrepasa todo entendimiento.

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