Tamaño del texto
Lección 347

La ira debe provenir del juicio. El juicio es El arma que usaría contra mí mismo Para mantener lejos de mí todos los milagros.

Padre, quiero lo que va contra mi voluntad y no quiero lo que es mi voluntad tener. Endereza mi mente, Padre mío. Está enferma. Pero Tú has ofrecido libertad y elijo reclamar hoy Tu regalo. Y así entrego todo juicio a Aquel a quien me diste para que juzgue por mí. Él ve lo que contemplo y sin embargo conoce la verdad. Mira el dolor y sin embargo comprende que no es real, y en Su comprensión es sanado. Da los milagros que mis sueños ocultarían a mi consciencia. Que Él juzgue hoy. No conozco mi voluntad, pero Él está seguro de que es la Tuya propia. Y hablará por mí y llamará a Tu milagro para que venga a mí.

Escucha hoy. Quédate muy quieto y oye la suave Voz por Dios asegurándote que Él te ha juzgado como el Hijo a quien ama.

✨ Resumen y puesta en práctica

La ira viene del juicio: entrega tu juicio a Dios hoy.

La ira viene del juicio. El juicio es el arma que usas contra ti mismo para mantener el milagro lejos de ti. Quieres lo que va en contra de tu voluntad verdadera, y tu mente está enferma. Pero Dios ha ofrecido la libertad, y eliges reclamar Su don hoy entregando todo juicio a Aquel a quien Él te ha dado. Él ve lo que contemplas pero conoce la verdad. Mira el dolor pero comprende que no es real.

La verdad liberadora es que la ira es siempre un juicio sobre ti mismo disfrazado de juicio sobre los demás. Cada vez que estás enojado con alguien, es a ti a quien juzgas. Proyectas sobre el otro la culpa que te niegas a ver en ti. La solución no es suprimir la ira, sino reconocer el juicio que la sustenta y entregarlo al Espíritu Santo. Él juzga con la visión de Dios: solo ve la inocencia.

Esta lección ataca la emoción más destructiva: la ira. Las lecciones anteriores abordaron el juicio, el miedo, el sufrimiento. Aquí ves la ira como una forma específica de juicio. Al entregar todo juicio al Espíritu Santo, te liberas no solo de la tristeza del juicio sino también del ardor de la ira. El Espíritu Santo no juzga como tú. Ve la verdad más allá de la apariencia. Al dejarle juzgar, encuentras la paz.

Para poner esto en práctica hoy, cada vez que la ira suba en ti, no la reprimas ni la expreses. Detente un instante y di: "Entrego este juicio al Espíritu Santo. Que Él vea lo que es verdadero." Luego respira profundamente y deja que la ira se disuelva. Verás que en lugar de la ira hay una comprensión, una paz. La ira no era más que la señal de que juzgabas. Al dejar de juzgar, la ira ya no tiene razón de ser.

La ira no es más que una llamada al amor disfrazada de juicio. Entrega tu juicio a Dios, y la ira se transformará en paz.

Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias

Me inscribo gratis →
Preguntar a Un Curso de Milagros