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Lección 316

Todos los dones que doy a mis hermanos son míos.

Así como todo regalo que mis hermanos dan es mío, también todo regalo que doy me pertenece. Cada uno permite que un error pasado se vaya y no deje sombra sobre la santa mente que mi Padre ama. Su gracia me es dada en cada regalo que un hermano ha recibido a lo largo de todo el tiempo, y más allá de todo el tiempo también. Mi casa del tesoro está llena, y los ángeles vigilan sus puertas abiertas, para que no se pierda ni un solo regalo y solo se añadan más. Déjame llegar adonde están mis tesoros y entrar donde soy verdaderamente bienvenido y estoy en casa entre los dones que Dios me ha dado.

Padre, quiero aceptar hoy Tus dones. No los reconozco. Sin embargo, confío en que Tú, que los diste, proveerás el medio por el cual pueda contemplarlos, ver su valor y apreciar solo a ellos como lo que quiero.

✨ Resumen y puesta en práctica

Todos los dones que haces a tus hermanos son los tuyos: da sin reservas.

Así como cada don que hacen tus hermanos es tuyo, cada don que haces te pertenece también. El dar y el recibir son una sola y misma cosa. Al dar, recibes. Al ofrecer, te enriqueces. Cada don que haces a un hermano borra un error pasado sin dejar sombra sobre la santa mente que Dios ama. La gracia divina te es dada en cada don recibido por un hermano, a través de todos los tiempos y más allá del tiempo.

La idea central es que dar no es una pérdida sino una ganancia. Quizá lo hayas olvidado, condicionado como estás por las leyes del mundo donde dar parece empobrecer. Pero en el Reino de Dios, dar es la única manera de tener. Tu tesoro está lleno, y ángeles vigilan sus puertas abiertas para que ningún don se pierda y otros se añadan sin cesar. Lo que das con amor te vuelve multiplicado. El secreto de la felicidad está en el don, no en la retención.

Esta lección es el complemento de la anterior y la culminación de toda la enseñanza sobre la unidad. Si los dones de los demás te pertenecen, los tuyos también. No eres solo un receptor pasivo; eres un dador activo. Y al dar, te alineas con la naturaleza misma de Dios, que no hace sino dar. Las lecciones anteriores te invitaron a recibir; esta te invita a dar. El círculo se cierra: dar y recibir son uno.

Concretamente, hoy, busca ocasiones de dar. Da una sonrisa, una palabra de aliento, un momento de atención. Da sin esperar nada a cambio, sin medir lo que das. Da simplemente, con alegría. Observa lo que ocurre en ti cuando das. Sentirás un calor, una expansión, una alegría que no viene de lo que has recibido a cambio, sino del acto mismo de dar. Es la prueba de que el don es en sí mismo la recompensa. Al final del día, cuenta tus dones, no tus posesiones.

Al dar, te vuelves semejante a Dios. No retengas nada hoy; da todo, y todo te será devuelto.

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