El juicio fue hecho para ser un arma usada contra la verdad. Separa aquello contra lo que se usa y lo aparta como si fuera una cosa aparte. Y luego hace de ello lo que quieres que sea. Juzga lo que no puede comprender, porque no puede ver la totalidad y por lo tanto juzga falsamente. No lo usemos hoy, sino hagamos un regalo de él a Aquel Que tiene un uso diferente para él. Él te aliviará de la agonía de todos los juicios que has emitido contra ti mismo y restablecerá la paz mental dándote el Juicio de Dios sobre Su Hijo.
Padre, esperamos hoy con la mente abierta para oír Tu Juicio sobre el Hijo a Quien amas. No lo conocemos y no podemos juzgar. Y así dejamos que Tu Amor decida lo que debe ser aquel a quien creaste como Tu Hijo.
✨ Resumen y puesta en práctica
Juzgas todas las cosas como querrías que fueran: entonces deja de juzgar.
El juicio fue hecho para ser un arma contra la verdad. Separa lo que juzga, hace de ello una cosa aparte, y luego lo transforma según tu deseo. El problema es que juzga sin comprender la totalidad, y por tanto juzga siempre falsamente. Nunca ves una situación en su conjunto; ves una parte y la condenas sobre esa base incompleta. Hoy te invito a deponer esta arma peligrosa.
La idea central es liberadora: no necesitas juzgar. Puedes ofrecer todo juicio a Aquel que le da un uso diferente. El Espíritu Santo puede utilizar tu tendencia a juzgar para mostrarte que te equivocas acerca de ti mismo, que eres Su Hijo amado y no el pecador que crees ser. Te aliviará del suplicio de todos los juicios que has emitido contra ti mismo. Restablecerá tu paz mental dándote el Juicio de Dios sobre Su Hijo.
Esta lección conecta todo lo que has aprendido sobre el juicio. Sabes ahora que el juicio viene del miedo, que la percepción sigue al juicio, y que la verdadera felicidad no se encuentra en el juicio sino en el amor. El juicio es una cadena; el perdón es la liberación. Cuando juzgas, te encarcelas a ti mismo. Cuando dejas que Dios juzgue por ti, eres libre. El Juicio de Dios sobre Su Hijo es simple: dice que Su Hijo es inocente, perfecto, amado.
En la práctica, cada vez que te sorprendas juzgando a alguien o a ti mismo hoy, detente. Di en tu corazón: "No conozco el sentido de esto. Entrego este juicio al Espíritu Santo." Luego suelta. Verás cómo se relaja la tensión. El juicio es un peso que cargas inútilmente. Al entregárselo a Dios, recuperas tu ligereza natural. Pruébalo una vez, luego dos, luego todo el día. Descubrirás una libertad nueva.
Para ti, deja que el Amor decida lo que eres. Su juicio es el único que cuenta, y solo ve tu inocencia.
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