Dentro de mí está la Inocencia Eterna, porque es la Voluntad de Dios que Ella esté ahí por siempre jamás. Yo, Su Hijo, cuya voluntad es ilimitada como la Suya propia, no puedo querer cambio alguno en esto. Pues negar la Voluntad de mi Padre es negar la mía. Mirar dentro no es sino hallar mi voluntad tal como Dios la creó y tal como es. Temo mirar dentro porque pienso que hice otra voluntad que no es verdadera, y la hice real. Sin embargo, no tiene efectos. Dentro de mí está la santidad de Dios. Dentro de mí está el recuerdo de Él.
El paso que doy hoy, Padre mío, es mi segura liberación de los ociosos sueños de pecado. Tu altar se alza sereno e inmaculado. Es el santo altar de mi Ser, y allí hallo mi verdadera Identidad.
✨ Resumen y puesta en práctica
No temas mirar hacia dentro: ahí está la luz.
Quizá tengas miedo de mirar dentro de ti. Temes encontrar allí algo oscuro, culpable, indigno. Pero la verdad es muy otra: dentro de ti se encuentra la inocencia eterna, porque es la Voluntad de Dios que esté ahí para siempre. Tú, Su Hijo, cuya voluntad es ilimitada como la Suya, no puedes querer ningún cambio en esto. Mirar hacia dentro es simplemente encontrar tu voluntad tal como Dios la creó.
La gran revelación de esta lección es que lo que temes encontrar en ti no existe. Crees haber hecho otra voluntad y haberla vuelto real, pero esa voluntad ilusoria carece de efecto. Es como un sueño del que despiertas. Dentro de ti está la Santidad de Dios. Dentro de ti está la memoria de Él. El altar sagrado se alza sereno y no profanado. Es el santo altar de tu Ser verdadero, y allí encuentras tu verdadera Identidad.
Esta lección te libera del miedo a la introspección. Las lecciones anteriores te enseñaron a mirar el mundo de manera diferente. Ahora aprendes a mirarte a ti mismo de manera diferente. La mirada interior no es una inmersión en un abismo de culpa, sino una ascensión hacia la luz de la inocencia. Lo que crees que hay en ti de oscuro no es más que una ilusión que proyectaste. Al mirar hacia dentro con la visión de Cristo, solo encontrarás la luz.
Concretamente, te invito a hacer hoy una meditación sencilla. Siéntate con calma, cierra los ojos y dirige tu atención hacia dentro. Si se presenta el miedo, dile suavemente: "No tengo miedo de mirar hacia dentro. Sé que la inocencia de Dios me espera allí." Luego deja que tu mirada interior descienda apaciblemente. Descubrirás un espacio de paz, de silencio, de santidad. Ese espacio es tu ser verdadero. Vuelve a él varias veces en el día. Cada regreso es un paso hacia la liberación.
No tengas miedo. Dentro de ti solo hay el Amor de Dios. Y es allí donde Lo reencontrarás.
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