La idea de hoy es el trampolín de la visión. A partir de esta idea el mundo se abrirá ante ti, y lo mirarás y verás en él lo que nunca antes habías visto. Y lo que veías antes no te será visible ni siquiera débilmente.
Hoy tratamos de usar la nueva clase de proyección. No intentamos librarnos de lo que no nos gusta viéndolo fuera. Más bien, tratamos de ver en el mundo lo que hay en nuestras mentes, y lo que queremos reconocer que está allí. Así tratamos de unirnos con lo que vemos, en lugar de mantenerlo apartado de nosotros. Ésa es la diferencia fundamental entre la visión y la manera en que ves.
La idea de hoy debe aplicarse con la mayor frecuencia posible a lo largo del día. Siempre que tengas un momento, repítela lentamente para ti, mirando a tu alrededor, y tratando de darte cuenta de que la idea se aplica a todo lo que ves ahora, o podrías ver ahora si estuviera dentro del alcance de tu vista.
La visión real no está limitada por conceptos como cerca y lejos. Para ayudarte a empezar a acostumbrarte a esta idea, procura pensar en cosas que están más allá de tu alcance actual, además de las que realmente puedes ver, al aplicar la idea de hoy. La visión real no sólo no está limitada por el espacio y la distancia, sino que no depende en absoluto de los ojos del cuerpo. La mente es su única fuente.
Para ayudarte también a acostumbrarte más a esta idea, dedica varios períodos de práctica a aplicar la idea de hoy con los ojos cerrados, utilizando los objetos que se te vengan a la mente, y mirando hacia dentro en lugar de hacia fuera. La idea de hoy se aplica por igual a ambos.
✨ Resumen y puesta en práctica
El mundo se abre cuando descubres a Dios en tu propia mente.
La idea de hoy es un trampolín para la visión. « Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente. » A partir de esta idea, el mundo se abrirá ante ti. Lo mirarás y verás lo que nunca has visto. Y lo que veías antes ya no será ni vagamente visible. Es una transformación total de tu percepción, un cambio de mundo.
Hoy probamos una nueva clase de « proyección ». En lugar de librarte de lo que no te gusta viéndolo fuera, intentas ver en el mundo lo que está en tu mente. Quieres unirte a lo que ves, en lugar de mantenerlo aparte. Esa es la diferencia fundamental entre la visión y tu manera habitual de percibir. En lugar de separar, unes. En lugar de rechazar, acoges.
La idea debería aplicarse tan a menudo como sea posible a lo largo del día. Cada vez que tengas un momento, repítela lentamente mirando a tu alrededor. Incluye incluso lo que está más allá de tu alcance visual, pues la visión real no está limitada por la distancia. No depende de los ojos del cuerpo. La mente es su única fuente. También puedes aplicar la idea con los ojos cerrados, mirando hacia dentro en lugar de hacia fuera.
Puesta en práctica:
Varias veces por hora, detente y repite: « Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente. » Mira a tu alrededor, luego cierra los ojos y aplica la idea a las imágenes interiores. Alterna entre el mundo exterior y el mundo interior. Ambos son igualmente válidos para esta práctica.
Cada vez que repites esta idea, construyes un puente entre lo que ves y lo que eres verdaderamente.
Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias
Me inscribo gratis →