Tamaño del texto
Lección 298

Te amo, Padre, y amo a Tu Hijo.

Mi gratitud permite que mi amor sea aceptado sin miedo. Y así quedo restituido por fin a mi Realidad. Todo lo que se entrometió en mi santa visión el perdón lo quita. Y me acerco al final de los viajes sin sentido, las carreras locas y los valores artificiales. Acepto en cambio lo que Dios establece como mío, seguro de que solo en ello seré salvado; seguro de que atravieso el miedo para encontrar a mi Amor.

Padre, vengo a Ti hoy, porque no quiero seguir otro camino que el Tuyo. Estás a mi lado. Cierto es Tu camino. Y estoy agradecido por Tus santos dones de seguro santuario y de escape de todo lo que oscurecería mi amor por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.

✨ Resumen y puesta en práctica

Amar al Padre y amar a Su Hijo: la gratitud abre el camino.

Después de haber comprendido que todo es perdón (lección 297), esta lección expresa la culminación de todo el viaje: el amor. En el currículo, es el regreso a la fuente. Tu gratitud permite que tu amor sea aceptado sin miedo. Así es como por fin eres devuelto a tu realidad. Todo lo que hacía intrusión en tu santa vista, el perdón lo quita. Y te acercas al fin de los viajes insensatos, de las carreras locas y de los valores artificiales.

La idea central es que aceptas lo que Dios establece como tuyo, seguro de que solo en eso serás salvado. Atraviesas el miedo para encontrar a tu Amor. Vienes a Dios hoy porque no quieres seguir otro camino que el Suyo. Dios está a tu lado, Su camino es cierto. Estás agradecido por Sus santos dones: un asilo seguro y el escape de todo lo que oscurecería tu amor por Dios y Su santo Hijo.

Esta lección se inscribe en el final (298-300). Prepara la lección 299 (la santidad eterna reside en ti) y la lección 300 (este mundo dura solo un instante). Hace eco de la lección 246 (amar al Padre es amar a Su Hijo) y de la lección 282 (no temas al amor). La gratitud es la llave que abre la puerta al amor sin miedo: transforma el temor en reconocimiento gozoso.

Para vivir esta lección hoy, tómate un momento para sentir una gratitud profunda. Agradece todo: la vida, las personas que amas, las lecciones aprendidas, las dificultades que te hicieron crecer, la presencia de Dios en ti. Deja que la gratitud llene tu corazón hasta desbordarlo. Luego, desde ese corazón lleno de gratitud, mira a los demás y reconoce en ellos al Hijo de Dios. La gratitud disuelve el miedo y permite que el amor circule libremente.

La gratitud es el puente entre el miedo y el amor. Te recuerda todo lo que ya has recibido y te prepara para recibir todo lo que aún te espera. Hoy, simplemente agradece todo, a todos, a Dios.

Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias

Me inscribo gratis →
Preguntar a Un Curso de Milagros