¿Adónde iría sino al Cielo? ¿Qué podría sustituir a la felicidad? ¿Qué regalo podría preferir antes que la paz de Dios? ¿Qué tesoro buscaría, hallaría y conservaría que pueda compararse con mi Identidad? ¿Y preferiría vivir con miedo que con amor?
Tú eres mi meta, Padre mío. ¿Qué podría desear tener sino a Ti? ¿Qué camino podría desear recorrer sino el que conduce a Ti? ¿Y qué, excepto el recuerdo de Ti, podría significar para mí el fin de los sueños y de las fútiles sustituciones de la verdad? Tú eres mi única meta. Tu Hijo quiere ser tal como Tú lo creaste. ¿Qué otro camino, sino este, podría esperar que me lleve a reconocer mi Ser y a estar en unión con mi Identidad?
✨ Resumen y puesta en práctica
Dios es tu única meta, más allá de toda otra búsqueda.
Después de haber saboreado el silencio donde no tienes nada que hacer (lección 286), esta lección recentra todo tu ser en un solo deseo. En el currículo, es un momento de aclaración radical. ¿Adónde querrías ir, sino al Cielo? ¿Qué sustituto podría haber de la felicidad? ¿Qué don podrías preferir a la paz de Dios? ¿Qué tesoro querrías buscar que se compare con tu Identidad? ¿Y querrías vivir con miedo en lugar de con amor? Las preguntas están planteadas, y la respuesta es evidente.
La idea central es que Dios es tu única meta. Nada más merece realmente tu búsqueda. El Hijo quiere ser tal como Dios lo creó: no hay otra manera de reconocer su Ser y de estar en unión con su Identidad. El recuerdo de Dios significa el fin de los sueños y de las fútiles sustituciones de la verdad. ¿Por qué buscar en otra parte cuando todo está en Él? El camino es claro, la meta es cierta, y solo tienes que seguir.
Esta lección se apoya en la revelación del silencio (286) y prepara las lecciones 288-290 sobre el perdón, el pasado y la felicidad presente. Hace eco de la lección 256 (Dios es la única meta), de la lección 258 (que recuerde que mi meta es Dios) y de la lección 272 (¿cómo pueden las ilusiones satisfacer al Hijo?). Recentrarse en Dios como única meta lo simplifica todo y pone fin a la dispersión.
Para poner esto en práctica hoy, tómate un momento para plantear a tu corazón las preguntas de la lección: "¿Adónde querría ir, sino al Cielo? ¿Qué sustituto de la felicidad? ¿Qué don preferir a la paz de Dios?" Escucha las respuestas que suban. Luego, a lo largo del día, cada vez que persigas una meta, pequeña o grande, pregunta: "¿Me lleva esta meta a Dios, o es una distracción?" Si es una distracción, recéntrate. Si sirve a tu regreso a Dios, persíguela con alegría.
Tu corazón tiene sed de Dios, diga lo que diga tu mente. Todos tus deseos, en el fondo, son un solo deseo disfrazado. Hoy, reconoce ese deseo único y déjate llevar por él hacia el hogar.
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